El sistema de protección social en Chile se encamina hacia una transformación profunda. El avance legislativo de una nueva normativa pone fin de beneficio y acceso gratuito a diversos servicios del Estado.
Con 95 votos a favor, la Cámara de Diputadas y Diputados despachó al Senado el proyecto que condiciona las ayudas fiscales a la regularidad migratoria.
La iniciativa busca modificar la Ley 21.325 para establecer un nuevo orden administrativo ante un incremento migratorio superior al 3.000% desde 2018. Esta ley propone nuevos candados en la prioridad de atención en salud y educación.
Los nuevos requisitos para acceder a beneficio en Chile
La principal barrera que plantea la moción es la exigencia obligatoria de una cédula de identidad vigente para cualquier inscripción socioeconómica. Este documento, otorgado por el Servicio de Registro Civil, será indispensable para postular a beneficios de cargo fiscal o subsidios de arriendo.
En el caso de aportes económicos directos o subsidios habitacionales, la exigencia sube un peldaño: se requerirá, además, poseer residencia definitiva.
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El texto legal prohíbe tajantemente otorgar números identificatorios temporales a quienes hayan ingresado al país por pasos no habilitados. Los autores de la iniciativa argumentan que los beneficios sociales no son infinitos y que es necesario resguardar la legitimidad del sistema.
De esta forma, se busca que las ayudas lleguen prioritariamente a quienes han cumplido con los procesos de empadronamiento y control fronterizo.
El debate sobre el acceso a salud y educación en la red pública
Uno de los puntos más controvertidos del proyecto señala que se debe priorizar la distribución de atenciones médicas en favor de los chilenos. Esta preferencia también se aplicaría en la cobertura del sistema educativo, anteponiendo a los nacionales frente a inmigrantes en condición irregular.
Si bien la Ley de Migración otorga principios de protección, la nueva norma busca que el Estado gestione sus recursos limitados bajo criterios de nacionalidad.
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Durante el debate, algunos parlamentarios advirtieron que esta medida podría invisibilizar a grupos vulnerables como niños y mujeres embarazadas. Quienes se oponen plantean que los flujos migratorios responden a crisis estructurales externas que no se detendrán con restricciones administrativas.
El Senado deberá ahora definir si este proyecto logra el equilibrio entre la seguridad pública y el respeto a los derechos humanos fundamentales.





