La selección chilena femenina Sub 17 ha logrado una hazaña histórica al sellar su pasaporte al Mundial de Marruecos sin conocer la derrota en el tiempo reglamentario. Detrás de este éxito deportivo se encuentra la visión estratégica de Vanessa Arauz, la entrenadora ecuatoriana que ha revolucionado la dinámica interna del equipo nacional.
El camino hacia la clasificación no estuvo exento de dramatismo, especialmente tras una semifinal electrizante contra Brasil que se decidió en la tanda de penaltis.
A pesar del golpe anímico que significó perder la opción de disputar el título, el cuerpo técnico logró rearmar la confianza de las jugadoras en tiempo récord. La resiliencia fue el eje central de la charla técnica, recordando al plantel que aún conservaban una oportunidad de oro para cumplir el objetivo principal.
El esfuerzo colectivo dio sus frutos en un cierre agónico contra Ecuador, donde un gol en el último minuto desató la euforia de todo un país.
Desconexión digital para una conexión humana
Una de las claves del rendimiento mostrado en el torneo fue una medida disciplinaria poco convencional en la era de la hiperconectividad. La estratega implementó un protocolo estricto para restringir el uso de teléfonos móviles durante la concentración y las actividades oficiales.
Las jugadoras tenían prohibido publicar contenido en redes sociales para evitar que los comentarios externos afectaran su enfoque o estabilidad emocional.
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Durante las comidas y las reuniones tácticas, los dispositivos debían permanecer en las habitaciones, eliminando cualquier distracción en los momentos de convivencia. Incluso en el vestuario, las futbolistas disponían de apenas diez minutos para contactar a sus familias antes de depositar los equipos en una caja común.
Esta dinámica obligó a las jóvenes deportistas a conectar cara a cara, compartiendo emociones y vivencias de forma directa en lugar de hacerlo a través de una pantalla.
El valor del sacrificio y el trabajo mental
La entrenadora enfatizó que para alcanzar la gloria deportiva es necesario estar dispuesto a ceder ciertas libertades cotidianas en favor del grupo. Arauz planteó a sus dirigidas que el Mundial era un premio al esfuerzo y a la capacidad de mantener la concentración absoluta bajo presión.
Al finalizar el proceso, fueron las propias jugadoras quienes agradecieron la medida, reconociendo que pudieron sentir lo que realmente significa compartir en equipo.
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El enfoque psicológico del staff fue vital para que la jugadora que falló el penalti contra Brasil se sintiera respaldada por sus compañeras en todo momento. La gestión de grupo permitió transformar la tristeza de una derrota transitoria en la motivación necesaria para enfrentar el desafío definitivo.
Con la clasificación asegurada, el equipo ahora proyecta su preparación hacia la cita mundialista que se desarrollará entre octubre y noviembre de este año.





