El brillo dorado que cada año cautiva al mundo en la alfombra roja esconde un secreto contable que dejaría a cualquiera con la boca abierta. Mientras los actores lloran de emoción al sostenerla, el valor financiero de la estatuilla más codiciada del cine es inferior al de un café.
Tras una nueva temporada de galardones, los detalles sobre el precio real de los premios Oscar han vuelto a encender el debate.
Cualquiera pensaría que un trofeo bañado en oro de 24 quilates cuesta una fortuna, pero la ley dice algo muy distinto. Para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, el prestigio no tiene precio, y se han encargado de que nadie pueda lucrarse con él.
La estricta normativa que blinda el prestigio de los Premios Oscar
Desde 1950, la Academia implementó una regla de hierro para evitar que sus trofeos terminaran en escaparates de casas de empeño o subastas.
Cualquier ganador que desee deshacerse de su estatuilla está obligado por contrato a ofrecérsela primero a la institución por el precio de un dólar. Esta normativa se extiende también a los herederos, impidiendo que el caballero dorado entre en el circuito del mercado comercial.
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El objetivo es preservar el Oscar como un símbolo de excelencia artística y no como un objeto de especulación financiera.
Legalmente, la figura física no otorga derechos de propiedad intelectual, los cuales permanecen siempre bajo el control absoluto de la Academia. Así, aunque represente la cima de una carrera, en términos de mercado actual, su valor es prácticamente nulo para evitar su venta.
El mercado de las reliquias previas a la era del control
Sin embargo, no todos los premios Oscar han estado sujetos a esta humillante valoración de un dólar a lo largo de la historia.
Los premios entregados antes de 1950 no cuentan con esta restricción, lo que ha permitido transacciones que alcanzan cifras astronómicas. Un ejemplo icónico es el de Michael Jackson, quien llegó a pagar 1.54 millones de dólares por el Oscar a Mejor Película de “Lo que el viento se llevó”.
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Físicamente, la estatuilla es una proeza de ingeniería fabricada en britannium y bañada con oro de 24 quilates mediante tecnología de precisión.
Con un peso de casi cuatro kilogramos y una altura de 34 centímetros, el caballero con la espada es más pesado y complejo de lo que aparenta. Su diseño rinde homenaje a las cinco ramas originales del cine: actores, guionistas, directores, productores y técnicos, grabadas en el rollo de película.





