El denominado “Niño Godzilla” se perfila como un evento de magnitud extrema, capaz de alterar profundamente el régimen hidroclimático del territorio chileno. La comunidad científica nacional observa con atención el calentamiento anómalo del océano Pacífico, un fenómeno que podría reconfigurar el invierno en el Cono Sur.
A diferencia de los años de sequía, el debilitamiento de los vientos alisios permite que aguas cálidas se estacionen frente a las costas sudamericanas.
Este aumento de la temperatura oceánica potencia la evaporación y, por consecuencia, la intensidad de las precipitaciones en las zonas central y sur. Los expertos advierten que el riesgo no reside solo en la cantidad de agua, sino en la velocidad con la que esta caerá sobre un suelo ya degradado.
Tras años de déficit hídrico, la tierra ha perdido parte de su capacidad de absorción, lo que facilita el escurrimiento superficial y el riesgo de inundaciones.
Peligros geológicos en un suelo vulnerado por el fuego
La mayor preocupación se concentra en las regiones de Ñuble y Biobío, donde los incendios forestales del verano dejaron laderas completamente desnudas. Sin vegetación que sostenga el terreno, las lluvias intensas pueden actuar como un detonante para remociones en masa y aluviones de gran escala.
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A este escenario se suma el factor de la isoterma cero, que tiende a situarse en niveles más altos durante los eventos de “El Niño”.
Esto implica que caerá lluvia líquida en zonas cordilleranas donde habitualmente nieva, aumentando súbitamente el caudal de ríos y quebradas. La combinación de temperaturas más cálidas y lluvias torrenciales pone a prueba la infraestructura de sectores como Tomé, Penco y Santa Juana.
Planificación urbana frente a la emergencia climática
La vulnerabilidad del territorio se ve acentuada por una expansión urbana que, en ocasiones, ha ignorado las zonas de riesgo natural y planicies de inundación. La impermeabilización del suelo en las ciudades satura los sistemas de drenaje, que no están diseñados para procesar volúmenes de agua tan extraordinarios.
Pese a los riesgos, el país cuenta hoy con herramientas tecnológicas y sistemas de alerta temprana mucho más avanzados que en décadas pasadas.
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La capacidad de anticipación permite a las autoridades y a la población prepararse con semanas de antelación para mitigar los posibles impactos. La clave para enfrentar este “Niño Godzilla” radica en la gestión del riesgo y la adaptación de las políticas públicas a una nueva realidad meteorológica.
La resiliencia de las comunidades será fundamental para transformar la alerta en una respuesta coordinada que proteja la vida y la infraestructura crítica.



