El sistema alimentario global ha fallado en su misión más básica: proteger la salud de la población más vulnerable del planeta. Los datos del Atlas Mundial de la Obesidad revelan un cambio de paradigma epidemiológico sin precedentes.
Por primera vez en la historia, el número de niñas y niños con obesidad supera las cifras estadísticas de bajo peso a nivel mundial.
La académica Oriana Monsalve advierte que para el año 2040, se estima que 228 millones de menores vivirán con esta condición crónica. Esta crisis no es una cuestión de “falta de voluntad familiar”, sino el resultado directo de entornos que fomentan el sedentarismo y el consumo.
Entornos obesogénicos y la hipoteca de la salud
La ciencia de la nutrición es tajante: la malnutrición por exceso en la infancia representa una hipoteca de la salud a largo plazo. Hoy se observa con alarma a pacientes pediátricos con diabetes tipo II, hipertensión y hasta hígado graso, enfermedades antes exclusivas de adultos.
Los productos ultraprocesados son actualmente más accesibles, económicos y publicitados que los alimentos de origen natural en gran parte del mundo.
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En las naciones de ingresos bajos y medios, la doble carga de malnutrición genera comunidades que luchan contra deficiencias y enfermedades crónicas a la vez. Un total de 181 países han fallado en el cumplimiento de las metas de la OMS para frenar esta tendencia, según el informe emitido este 19 de marzo.
Si no se actúa con urgencia, la inercia del sistema llevará a una pérdida masiva de productividad y al colapso total de los presupuestos sanitarios.
La necesidad de regular el marketing y recuperar los espacios urbanos
Frenar esta pandemia requiere de regulaciones multisectoriales que vayan mucho más allá de la simple consejería nutricional en el consultorio. Es urgente implementar restricciones aún más estrictas al marketing dirigido a menores de edad, protegiendo su percepción del alimento saludable.
Los entornos escolares deben garantizar una alimentación equilibrada, eliminando la oferta de productos procesados dentro de los establecimientos.
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Asimismo, el fomento de espacios urbanos seguros para la actividad física es vital para que las nuevas generaciones recuperen el movimiento diario. Garantizar hoy entornos saludables es la mejor inversión financiera y social para asegurar el bienestar integral de nuestras hijas e hijos.
El año 2040 no debería ser recordado por los avances tecnológicos, sino por el momento en que decidimos rescatar el destino de la salud infantil.





