El calentamiento de las aguas superficiales sugiere la formación de un evento de El Niño 2026 con una magnitud que no se registraba en años recientes. La configuración climática del océano Pacífico ha comenzado a emitir señales de alerta que mantienen en vilo a las principales centrales meteorológicas del planeta.
Expertos y organismos internacionales han comenzado a utilizar términos de alto impacto para describir la potencia que este fenómeno podría alcanzar.
La comunidad científica observa con atención cómo la temperatura del agua se eleva por encima de los promedios históricos en etapas tan tempranas del ciclo anual. Este proceso de transferencia de calor hacia la atmósfera es el motor que desencadena eventos climáticos extremos en diversos rincones del mundo.
En el territorio nacional, la posibilidad de enfrentar un invierno con características extraordinarias ha activado los protocolos de vigilancia en centros de investigación.
Impacto de las precipitaciones y riesgo de aluviones
Si las proyecciones se confirman durante este mes, el país podría enfrentar un volumen de precipitaciones significativamente superior al promedio normal. Un Niño de gran intensidad se traduce directamente en una mayor carga de humedad que golpea las costas y el valle central con fuerza.
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Alex Godoy, especialista de la Universidad del Desarrollo, advierte que la combinación de lluvias intensas y temperaturas elevadas es una mezcla peligrosa.
El alza de las temperaturas en la alta montaña impide que el agua se solidifique como nieve, aumentando el caudal de ríos y esteros de forma repentina. Este escenario eleva drásticamente la probabilidad de remociones en masa y catástrofes similares a las ocurridas históricamente en sectores precordilleranos.
La ciencia tras el concepto de Niño Godzilla
El término que circula en los medios para describir este fenómeno busca ilustrar una anomalía térmica de proporciones masivas en el Pacífico ecuatorial. Desde un punto de vista técnico, la intensidad se mide por la desviación de la temperatura del agua respecto a los registros históricos recolectados por décadas.
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A mayor diferencial térmico, la atmósfera recibe una cantidad superior de vapor de agua, lo que intensifica la fuerza de las tormentas invernales.
La Organización Meteorológica Mundial ha señalado que los reportes de mayo serán definitivos para establecer si el fenómeno será catalogado como extremo. La preparación ante estas métricas resulta fundamental para mitigar los impactos en la infraestructura crítica y asegurar la protección de la población civil.





