Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Chile confirmó la presencia de dinosaurios terrestres y aves del Cretácico Superior en la comuna de Algarrobo. La revisión de estos restos óseos transforma radicalmente la interpretación científica sobre las dinámicas de vida prehistórica en la zona costera de Chile central.
Esta reinterpretación de los materiales abre una ventana de estudio hacia la coexistencia de fauna continental y marina en un mismo entorno geográfico hace millones de años.
Los investigadores advierten sobre la urgencia de proteger los yacimientos litorales frente al avance de la civilización y el desgaste natural que amenaza con destruir evidencia valiosa. Conocer el tipo de dinosaurio identificado, la procedencia cronológica del ave y los peligros que acechan al patrimonio resulta fundamental para dimensionar este avance científico.
Restos de ornitópodos continentales a partir de colecciones históricas
El estudio fue publicado en la revista científica Cretaceous Research bajo el liderazgo de los especialistas Sergio Soto Acuña y Rodrigo Otero. Los análisis se concentraron en fósiles de los Estratos de Quebrada Municipalidad, situando los registros en un periodo de entre 100,5 y 66 millones de años.
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Hasta este hallazgo, la zona era reconocida únicamente por su fauna marina, la cual incluía restos de plesiosaurios, mosasaurios, tortugas y tiburones. Durante las inspecciones en el museo, el equipo detectó 2 piezas grandes guardadas hace décadas que estaban catalogadas de forma errónea como reptiles marinos.
Uno de los huesos corresponde a la sección proximal del fémur de un dinosaurio herbívoro de gran tamaño perteneciente al grupo de los ornitópodos.
Reclasificación del ave fósil más antigua
La investigación también permitió reinterpretar los restos de un ave fósil que previamente se habían asignado a rocas de unos 40 millones de años. Los nuevos datos de procedencia ubicaron a este ejemplar en el Cretácico Superior, convirtiéndose en el fósil de ave más antiguo descubierto en Chile.
Soto Acuña destacó que el hallazgo es clave porque evidencia la presencia de aves modernas habitando el territorio central junto a los dinosaurios.
El paleontólogo Rodrigo Otero enfatizó que estos resultados obligan a revisar los materiales antiguos con una mirada mucho más amplia sobre el potencial del sitio. Actualmente, los afloramientos costeros enfrentan serios riesgos debido a la erosión natural del mar, el crecimiento urbano y las obras de infraestructura.
El desafío para las autoridades locales radica en buscar fórmulas eficientes para compatibilizar el desarrollo inmobiliario con la defensa del patrimonio paleontológico.





