Expertos advierten de “cerebro atrofiado o atrofia cognitiva” que provoca la IA en las nuevas generaciones al sustituir procesos de razonamiento que aún no se han consolidado. Mientras los profesionales optimizan sus tiempos, las mentes en formación corren el riesgo de saltarse etapas cruciales de su maduración y desarrollo cognitivo.
El fenómeno no reside en la capacidad de la herramienta en sí, sino en el momento del ciclo vital en que se integra a la rutina de aprendizaje.
A diferencia de un adulto que utiliza la tecnología para acelerar tareas que ya domina, el estudiante puede terminar ignorando cómo se construye el conocimiento.
El riesgo de sustituir el aprendizaje por la ejecución funcional
Un análisis reciente sugiere que el uso de modelos de lenguaje en edades tempranas impide el fortalecimiento de habilidades que requieren esfuerzo mental sostenido. Timothy Cook, especialista en educación, señala que no es posible atrofiar una capacidad que, debido al uso prematuro de la tecnología, nunca llegó a desarrollarse.
Estudios comparativos muestran que las personas menores de 25 años presentan una mayor dependencia de estos sistemas en comparación con las generaciones previas.
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Esta brecha se traduce en una incapacidad para auditar los resultados, ya que los jóvenes aceptan las respuestas de la máquina sin poseer un criterio propio. Incluso en tareas técnicas, quienes dependen totalmente de la asistencia algorítmica suelen fallar al intentar resolver problemas conceptuales de forma autónoma.
El resultado es una competencia funcional aparente que oculta una comprensión deficiente, mermando la agilidad mental necesaria para la innovación futura.
Homogeneización del razonamiento y pérdida del pensamiento crítico
La adopción masiva de modelos de lenguaje está estandarizando la forma en que los estudiantes redactan, argumentan y perciben la realidad cotidiana. Al alimentarse de patrones preestablecidos, los estudiantes corren el riesgo de adoptar una voz colectiva que diluye su capacidad de generar perspectivas originales.
Los modelos de inteligencia artificial no solo unifican el estilo de escritura, sino que moldean los esquemas de razonamiento bajo sesgos algorítmicos.
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Este proceso limita el pensamiento crítico, pues el individuo deja de cuestionar las premisas para centrarse únicamente en la obtención de un producto final aceptable. La formación de la identidad propia se ve amenazada cuando los criterios de juicio personal son reemplazados por sugerencias generadas de forma automatizada.
El desafío educativo actual consiste en proteger los espacios de reflexión donde el esfuerzo y la duda actúan como catalizadores del crecimiento intelectual. Sin una intervención que priorice el proceso sobre el resultado, el riesgo es formar una generación técnicamente asistida pero intelectualmente limitada.





