El debate milenario sobre si el alcohol puede ser un aliado o un enemigo de la salud ha encontrado una respuesta científica. Una investigación masiva realizada con más de 340.000 adultos británicos revela que el impacto en la mortalidad depende drásticamente del tipo de bebida.
Presentado en la Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología, el estudio diferencia el vino de otras opciones como la cerveza o la sidra.
Mientras el consumo excesivo eleva el riesgo de muerte en un 24%, el consumo moderado de vino tinto muestra un efecto protector inédito. Los mililitros exactos de alcohol marcan la diferencia entre un hábito saludable y un riesgo cardiovascular.
Los polifenoles del vino superan a los componentes de los licores y el contexto de la comida influye en estos resultados.
La medida justa que reduce el riesgo cardiovascular en un 21%
Los investigadores determinaron que quienes beben vino con moderación tienen un riesgo significativamente menor de morir por enfermedades cardíacas. Para los hombres, el beneficio se mantiene consumiendo entre 20 y 40 ml diarios, lo que equivale aproximadamente a 1.5 o 3 copas estándar.
En las mujeres, la dosis ideal se sitúa entre los 10 y 20 ml por día, ajustándose a las diferencias metabólicas propias del género.
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Por el contrario, incluso un consumo bajo de cerveza o licores se asoció con un aumento del 9% en la probabilidad de sufrir eventos fatales. La clave parece residir en los antioxidantes naturales de la uva, que ayudan a mantener la elasticidad de las arterias y reducen la inflamación.
Este hallazgo permite refinar las recomendaciones médicas, enfatizando que no todas las unidades de alcohol impactan al organismo de la misma manera.
El estilo de vida y la dieta que acompañan al consumidor de vino
La ciencia sugiere que el beneficio del vino no es solo químico, sino que está estrechamente ligado a hábitos de vida más equilibrados. A diferencia de la cerveza o los licores, el vino suele consumirse durante las comidas, lo que ralentiza la absorción del alcohol en la sangre.
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Las personas que prefieren el vino suelen tener dietas de mayor calidad, con una mayor ingesta de vegetales y grasas saludables que quienes optan por la sidra.
Los investigadores ajustaron los datos según el estatus socioeconómico y antecedentes familiares, confirmando que la tendencia se mantiene firme. Sin embargo, el estudio advierte que superar las tres copas diarias anula cualquier beneficio y dispara el riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer.





