La implementación de la reducción de la jornada laboral en Chile entra en una nueva etapa de definiciones técnicas bajo la actual administración. El subsecretario del Trabajo, Gustavo Rosende, ratificó que el cronograma de reducción de horas se mantiene intacto.
El compromiso gubernamental asegura que en abril la jornada bajará a 42 horas semanales, camino a la meta definitiva de 40 horas en 2028.
Sin embargo, el Ejecutivo busca “destrabar” la normativa mediante una serie de cambios que apuntan a mejorar la adaptabilidad entre empresas y empleados. A través de una revisión de dictámenes, el Ministerio del Trabajo pretende fomentar el uso de herramientas de flexibilidad que hoy se consideran subutilizadas.
El plan para eliminar los “topes” en la relación laboral
El primer gran foco de la reforma se centra en las bandas horarias, un mecanismo que permite adaptar el ingreso y salida de la jornada. Según la autoridad, las interpretaciones actuales de la Dirección del Trabajo han actuado como una “piedra de tope” para los acuerdos internos.
El segundo eje aborda el polémico Artículo 22 inciso 2, buscando precisar quiénes deben estar realmente excluidos de la limitación de jornada.
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El gobierno de Kast sostiene que la flexibilidad no debe entenderse como una reducción de derechos, sino como una mejor distribución del tiempo. Se busca que los ciclos de trabajo y los descansos compensatorios sean herramientas reales y no solo enunciados legales de difícil aplicación.
La evidencia y el diálogo con los sectores productivos serán los pilares para realizar estos ajustes responsables sin afectar el empleo.
El debate de la colación entre los cambios en la ley
El tercer punto en la agenda de Rosende es la regulación de la hora de colación dentro o fuera de la jornada de trabajo. El objetivo es evitar que este tiempo se transforme en una reducción horaria encubierta que desvirtúe el espíritu original de la normativa.
Se ha ratificado que, en jornadas de cinco días, la reducción efectiva de una hora diaria seguirá siendo el estándar obligatorio para los empleadores.
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El Ejecutivo enfatiza que no se pretende obligar a los trabajadores a elegir entre sus derechos laborales y la estabilidad de sus puestos de trabajo. Con estos cambios, se espera que la Dirección del Trabajo emita nuevos dictámenes que otorguen mayor certeza jurídica a ambas partes.
La meta final es lograr una implementación armónica que permita a Chile avanzar hacia las 40 horas con una economía dinámica y competitiva.




