El calendario laboral chileno marca una fecha crítica para miles de empresas y trabajadores. Tras un 2025 sin cambios en el cronograma, la Ley 21.561 retoma su marcha hacia las 40 horas, exigiendo ahora una baja de 44 a 42 horas semanales.
Sin embargo, la implementación no ha estado exenta de chispas entre el mundo empresarial y la autoridad fiscalizadora.
Un reciente dictamen de la Dirección del Trabajo (DT) ha encendido los reclamos de “rigidez” por parte de los empleadores ante las nuevas fórmulas de cálculo. Mientras el Gobierno defiende la protección del tiempo de descanso, los gremios acusan una interpretación que limita la adaptabilidad pactada originalmente.
¿Cómo se restan las dos horas si no hay acuerdo?
La Dirección del Trabajo ha sido categórica: el ideal es que la reducción se realice mediante un mutuo acuerdo firmado por escrito.
No obstante, ante la falta de consenso, el organismo liderado por la DT ha establecido ejemplos matemáticos estrictos que los empleadores deben seguir. Si su empresa opera con una jornada de cinco días, el empleador deberá restar una hora diaria en dos días distintos de la semana de forma obligatoria.
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Para quienes trabajan seis días a la semana, la fórmula se vuelve más quirúrgica: se deben disminuir al menos 50 minutos en un día y los 10 restantes en otro.
Esta interpretación busca evitar que la reducción se diluya en minutos imperceptibles repartidos en toda la semana, garantizando un descanso efectivo. El sector privado critica que esta “fórmula por defecto” quita flexibilidad para organizar turnos en rubros complejos como el comercio o la manufactura.
Mientras Chile reduce, Argentina debate extender a 12 horas
El escenario nacional contrasta radicalmente con lo que ocurre al otro lado de la cordillera, donde el gobierno de Javier Milei impulsa una reforma opuesta.
En Argentina, el debate se centra en permitir jornadas de hasta 12 horas diarias sin pago de horas extras, mediante la creación de un “banco de horas”. Esta propuesta busca modernizar un sistema que registra casi un 50% de informalidad, permitiendo compensar el exceso de trabajo con días libres posteriores.
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Mientras en Chile la meta final de 40 horas para 2028 es ley, en Argentina los sindicatos se mantienen en pie de guerra contra lo que consideran un retroceso.
Los críticos en Buenos Aires denuncian que estas medidas precarizan el empleo, mientras el oficialismo argentino asegura que es la única vía para generar puestos formales. En nuestro país, el desafío inmediato es administrativo: asegurar que este 26 de abril el reloj marque efectivamente 42 horas sin afectar el sueldo de nadie.





