El límite de lo humanamente posible ha sido reescrito este 2026, dejando a la comunidad científica y deportiva en absoluto estado de shock. Vitomir Maričić, un apneista de origen croata, ha logrado lo que para cualquier persona común sería una sentencia de muerte segura bajo el agua.
Sumergido en una piscina, el atleta contuvo la respiración de manera voluntaria durante la asombrosa cifra de 29 minutos y 3 segundos exactos.
Esta proeza, ya verificada por la organización de los Récords Guinness, supera la marca anterior por casi cinco minutos de diferencia. La hazaña de Maričić no solo rompe un registro mundial, sino que sitúa su capacidad pulmonar al nivel de los mamíferos marinos más resistentes.
Acompáñenos a descubrir la técnica extrema que permitió este hito y cómo el cuerpo humano puede adaptarse a condiciones de privación total de oxígeno.
El secreto de la hiperoxigenación previa
Para alcanzar casi media hora bajo el agua, el deportista utilizó una metodología de preparación física y química rigurosamente controlada.
Maričić se sometió a una sesión de diez minutos de inhalación de oxígeno puro antes de sumergirse, técnica conocida como hiperoxigenación. Este proceso elevó cinco veces sus niveles habituales de oxígeno plasmático, creando un reservorio interno de aire que alimentó sus tejidos durante la prueba.
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Sin este apoyo técnico, el atleta promedia una resistencia de 10 minutos y 8 segundos, lo cual ya es extraordinario comparado con el minuto de un humano promedio.
El récord absoluto sin este tipo de asistencia técnica sigue perteneciendo al serbio Branko Petrovic, quien logró 11 minutos y 35 segundos en 2014. Los expertos señalan que este nivel de saturación permite que los órganos vitales sigan funcionando mientras el resto del cuerpo entra en un estado de ahorro energético.
Un rendimiento que iguala a las focas comunes
Lo más impactante de este nuevo registro es la comparación directa con la fauna oceánica que habita en las costas de Chile y el mundo.
Con sus 29 minutos, Maričić duplicó el límite máximo de inmersión de los delfines nariz de botella, conocidos por su gran agilidad y resistencia. Su rendimiento ahora se equipara al de las focas comunes, animales diseñados evolutivamente para cazar en las profundidades sin necesidad de emerger.
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El apneista declaró que realizó esta peligrosa prueba con el fin de generar conciencia sobre la urgente necesidad de conservación de los océanos.
A pesar del éxito, advirtió que este tipo de desafíos conllevan riesgos neurológicos severos si no se cuenta con una supervisión médica de primer nivel. Mientras el mundo celebra este hito, Maričić ya planea nuevos intentos para empujar las fronteras de la fisiología humana en modalidades no asistidas.





