El Palacio Pizarro parece tener una puerta giratoria que no deja de girar, y la política de este país volvió a sacudir a todo el continente. En una sesión que quedará marcada en los libros de historia, el Congreso de Perú aprobó la censura y destitución fulminante del presidente interino, José Jerí.
Para los chilenos que observan con asombro desde el otro lado de la frontera, la cifra es simplemente abrumadora: se trata del octavo cambio de mando en apenas diez años.
Lo que debía ser una transición tranquila hacia las elecciones de abril terminó en un nuevo desplome institucional que deja a Lima sumida en la incertidumbre absoluta. Jerí, de apenas 39 años, no alcanzó a cumplir cinco meses en el cargo antes de que el mismo Legislativo que lo encumbró decidiera bajarle el pulgar de forma definitiva.
La inestabilidad en el país andino parece haberse vuelto la norma y no la excepción, en un ciclo de crisis que ya se arrastra por una década completa.
Este nuevo terremoto político ocurre mientras las campañas presidenciales ya están en marcha, añadiendo una cuota de tensión máxima a un proceso electoral ya fragilizado. Nuevamente, el sillón presidencial peruano queda vacío, a la espera de un sucesor que tendrá la titánica tarea de sostener el mando por unos pocos meses.
Acompáñenos a revisar los detalles de una caída que se gestó entre visitas encapuchadas y reuniones secretas en el corazón del poder limeño.
Encapuchados y reuniones bajo sospecha
La caída de Jerí no fue un accidente político, sino el resultado de una serie de escándalos que la prensa peruana no dejó pasar durante las últimas semanas. El mandatario fue captado por las cámaras ingresando de incógnito, con una capucha para evitar ser reconocido, a un restaurante de un conocido contratista del Estado.
Ese encuentro, ocurrido en plena Navidad, sembró las primeras dudas sobre un posible tráfico de influencias que la Fiscalía ya comenzó a investigar formalmente.
A este episodio se sumó una visita a una tienda que apenas horas antes había sido clausurada por las autoridades municipales, desafiando toda lógica de transparencia. Pero el golpe de gracia llegó con las revelaciones sobre contrataciones irregulares de funcionarias que habrían visitado al presidente en el Palacio de Gobierno sin registro oficial.
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Con 78 firmas de un total de 130 congresistas, la sesión extraordinaria se convocó de manera improvisada en un auditorio del centro de la capital.
La sede principal del Parlamento está en obras, pero la urgencia por sacar a Jerí del poder no permitió esperar a que los andamios fueran retirados. El ahora exmandatario se retira por la puerta de atrás, dejando un Gobierno de transición que duró mucho menos de lo que prometía su hoja de ruta inicial.
Perú vuelve a demostrar que en su sistema político, la confianza es un cristal que se quiebra con la misma rapidez con la que se nombran los ministros.
La sombra de la corrupción, una vez más, fue más fuerte que la necesidad de estabilidad en un país que clama por un respiro democrático.
¿Quién sigue en la lista? Cambio de Presidente hacia julio de 2026
Ahora, el engranaje constitucional de Perú debe activarse por octava vez en diez años para buscar un nuevo rostro que asuma el mando interino. El procedimiento dicta que el Congreso debe elegir a un nuevo presidente de la mesa directiva, quien automáticamente se convertirá en el jefe de Estado del país.
Este nuevo líder tendrá la misión de dirigir a la nación hasta el próximo 28 de julio de 2026, fecha fijada para el cambio de mando definitivo.
Sin embargo, el ambiente en Lima es de un escepticismo total, pues nadie se atreve a asegurar que el próximo nombre no sufra el mismo destino que sus antecesores. Con las elecciones generales convocadas para el 12 de abril, el nuevo mandatario tendrá que navegar en un mar de rivalidades políticas y promesas de campaña.
Para los chilenos, esta crisis resulta especialmente relevante dada la estrecha relación comercial y la enorme comunidad peruana que reside en nuestro territorio.
La inestabilidad en el norte afecta no solo la percepción de seguridad en la región, sino también los planes de integración que se discuten en el Cono Sur. El destino de José Jerí queda ahora en manos de la justicia, mientras el Congreso busca a alguien con el coraje necesario para sentarse en un sillón que quema.
¿Logrará el próximo presidente interino llegar a la meta de julio o presenciaremos un noveno cambio antes de que termine el semestre?
Perú sigue siendo el epicentro de un drama político que parece no tener fin, recordándonos la fragilidad de las democracias cuando la ética queda en segundo plano.





