Luego que la ciudad gastara USD 116.000 y pusiera una multa a los ciudadanos con USD 100 a cada uno por ensuciar, dos residentes de Nueva York decidieron no esperar más a los servicios municipales y tomaron las herramientas por sus propias manos: retiraron 450 kg de basura del puente de Brooklyn.
Mientras las autoridades locales en Chile discuten el mantenimiento de los espacios públicos, esta historia en el hemisferio norte se vuelve viral.
Ellen Baum y Max Parke han retirado más de 450 kilos de desechos y metales, pasando de una molestia individual por la suciedad acumulada a un movimiento de “urbanismo guerrilla”. Esta labor voluntaria, realizada bajo el frío extremo y sin remuneración, ha captado la atención de urbanistas chilenos por su impacto social.
Con una amoladora y un carro de jardín desafiaron la burocracia en una de las ciudades más grandes del mundo.
Un trabajo de joyería termina con 450 kg de basura
Ellen Baum ha dedicado más de 40 horas a retirar manualmente gomas de pelo, recibos y objetos insólitos atados a las mallas del puente. Su compañero, Max Parke, un ingeniero de software, utiliza herramientas profesionales para cortar los famosos “candados del amor” que dañan la estructura.
Cargando una amoladora de disco y un chaleco reflectante, Parke ha eliminado casi media tonelada de metal excedente en solo dos meses.
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La acumulación de estos objetos se convirtió en un problema crítico de seguridad y estética, llegando a costar miles de dólares en limpiezas fallidas. Curiosamente, la policía neoyorquina no ha intervenido, e incluso operarios municipales han aplaudido el gesto de estos “héroes anónimos”.
La iniciativa ha sido bautizada en redes sociales como un éxito de la autogestión, demostrando que un ciudadano comprometido puede hacer la diferencia.
El plan para institucionalizar el cuidado urbano
Tras el éxito mediático de su intervención, Baum presentó una propuesta formal para transformar la gestión de residuos en el puente. Su plan incluye campañas educativas sobre la historia del monumento y la instalación de depósitos decorativos especiales para los candados.
El interés político no tardó en llegar, y el consejo municipal ya ofreció materiales para que esta labor no dependa solo del bolsillo de los vecinos.
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Incluso el alcalde Zohran Mamdani ha mostrado interés en replicar este modelo de participación ciudadana en otros barrios de la ciudad. Baum reconoce que es un “maratón” infinito, ya que cada día aparecen nuevos residuos atados por los miles de turistas que visitan la zona.
Esta experiencia deja una pregunta abierta para las grandes ciudades de Chile: ¿cuánto puede mejorar nuestro entorno si dejamos de ser solo espectadores?





