Una tradición que mezcla el misticismo europeo con la historia política nacional ha vuelto a la palestra tras un reciente acto en la casa de gobierno. El presidente José Antonio Kast encabezó la entrega de la Gracia Presidencial de reconocimiento al séptimo hijo, un hito que no se repetía desde el año 2013.
Esta distinción fue otorgada a Romina Elizabeth Silva Cueto, la séptima hija mujer de una familia residente en el sector de Placilla, Región de Valparaíso.
Aunque la menor nació en marzo de 2025, el beneficio se concretó este lunes tras una evaluación del Departamento de Acción Social de la Subsecretaría del Interior. En la ceremonia íntima también estuvieron presentes la Primera Dama, María Pía Adriasola, y el subsecretario del Interior, Máximo Pávez.
Este rito, que evoca épocas de familias numerosas, persiste como un gesto simbólico de apoyo del Estado hacia la organización familiar.
Beneficios económicos y requisitos del reconocimiento
Para invocar esta gracia, los padres deben haber tenido siete hijos varones o siete hijas mujeres de forma consecutiva o alterna respecto a otros hermanos. Un requisito fundamental es que el niño o la niña no debe haber sido bautizado con anterioridad a la presentación de la solicitud formal.
El beneficio contempla la entrega de un ajuar completo destinado al bautizo del menor.
[Te puede interesar] Mientras el salario mínimo en Chile es de $539.000, asesor de José Antonio Kast recibe más de $85 millones
Se realiza un depósito de 10 UF, equivalentes a $402.736, en una libreta de ahorro para la vivienda. La familia recibe un certificado presidencial oficial emitido a nombre del beneficiario.
El trámite puede gestionarse de manera digital a través del portal del Ministerio del Interior o en delegaciones presidenciales. Recientemente, el concepto de “apadrinamiento” fue actualizado por la Subsecretaría del Interior para transformarse formalmente en un Reconocimiento Presidencial.
Del mito del hombre lobo a la normativa institucional
El origen de esta costumbre se remonta a antiguas leyendas de Europa del Este que llegaron a Sudamérica mediante la inmigración rural. Existía la creencia folclórica de que el séptimo hijo varón se transformaría en “lobizón” o hombre lobo bajo la influencia de la luna llena.
Para romper esta supuesta maldición, se establecieron rituales que incluían el padrinazgo de figuras poderosas, como los jefes de Estado.
[Lee también] Mientras los chilenos creen que el desempleo está muy mal en Chile, la popularidad de José Antonio Kast va de mal en peor
En Chile, el presidente Arturo Alessandri Palma popularizó la práctica de apadrinar personalmente a estos niños durante el siglo XX. Lo que comenzó como una respuesta institucional a un mito en países como Argentina y Rusia, se convirtió en ley chilena en el año 1976.
Originalmente enfocado solo en varones, el beneficio se amplió a mujeres en 1979 y fue actualizado integralmente por última vez en 2025.




