El inicio del horario de invierno reabre una herida crónica en la salud pública y la productividad nacional. Mientras la población atrasa sus relojes, la comunidad científica y médica intensifica un llamado urgente: detener las modificaciones bianuales del huso horario.
Especialistas de diversas áreas coinciden en que forzar al organismo a despertar sin luz natural genera un “jet lag social” con consecuencias severas.
La evidencia sugiere que mantener un horario estable, alineado con el ciclo solar, es la única vía para resguardar el equilibrio biológico de la población. La luz de la mañana es el motor que enciende nuestro metabolismo y el cambio de hora afecta el rendimiento laboral. Los niños y adultos mayores son los más vulnerables a estas alteraciones.
El poder de la luz matinal en el sueño y el metabolismo
Investigaciones internacionales publicadas en PNAS confirman que los ajustes horarios provocan una alteración mayor que cualquier beneficio energético ahorrado. Luis Larrondo, del Instituto Milenio iBio, explica que la luz del alba es la señal maestra que coordina todos los procesos internos del cuerpo humano.
Cuando se amanece a oscuras, la melatonina —hormona del sueño— no disminuye a tiempo, provocando una fatiga persistente durante las primeras horas de la jornada.
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Por el contrario, la exposición temprana al sol eleva el cortisol, activando el estado de alerta y mejorando notablemente el estado de ánimo y la concentración. Mantener el horario de invierno de forma permanente (GMT-4) permitiría que la mayoría de los ciudadanos inicien sus actividades con claridad natural.
Esta alineación no es solo una cuestión de comodidad, sino una medida de prevención contra enfermedades metabólicas y accidentes cerebrovasculares.
El costo oculto de trabajar bajo un reloj artificial
En el ámbito laboral, el cambio de hora se traduce en una caída medible de la eficiencia y un aumento de errores operativos críticos. Claudio Castillo, experto en psicología laboral, advierte que durante la primera semana del ajuste se observa una mayor lentitud en tareas cognitivas complejas.
Los sectores de minería, salud y logística, que ya operan con turnos exigentes, ven incrementada su fatiga, elevando el riesgo de accidentes de trayecto.
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A nivel emocional, el “lado oscuro” del horario de verano fomenta la ansiedad y síntomas depresivos estacionales al obligar a despertar en penumbras. El consenso de los expertos apunta a que Chile debería adoptar definitivamente el huso GMT-4 o incluso regresar al GMT-5, según su posición geográfica real.
La estabilidad horaria permitiría que el reloj social y el biológico caminen de la mano, devolviendo la armonía a la rutina diaria de millones de personas.





