Mientras en Chile se terminan de ajustar los relojes para la implementación gradual de las 40 horas, al otro lado del mundo hay un país que ya parece vivir en el futuro.
Los Países Bajos se han transformado, casi sin hacer ruido, en el laboratorio mundial de la jornada laboral de cuatro días. Los datos confirman que los neerlandeses tienen la semana de trabajo más corta de toda Europa, con un promedio de 32,1 horas.
Lo que para muchos empresarios nacionales podría sonar a utopía, en Ámsterdam es una realidad que busca equilibrar la billetera con la crianza de los hijos.
Empresas de diseño y consultoría en el bohemio barrio de De Pijp ya no ven el viernes como un día de oficina, sino como un espacio para la vida personal. La fórmula es simple pero audaz: se mantienen los sueldos intactos, pero se reduce un día de la jornada para priorizar la salud mental y la eficiencia.
Sin embargo, no todo es color de rosa en el “club de los países ricos”, y los economistas ya han comenzado a encender algunas alertas.
¿Es posible mantener una economía potente trabajando menos que el resto del planeta o estamos ante una burbuja de bienestar difícil de sostener? La respuesta a esta interrogante podría marcar el camino para lo que Chile intente replicar en los próximos años de su propia transición laboral.
Acompáñenos a revisar cómo esta nación europea desafía la premisa de que para producir más, hay que estar más tiempo sentado frente al escritorio.
Trabajar de forma inteligente: el secreto tras el PIB más alto de Europa
Gavin Arm y Bert de Wit, dueños de una consultora en Ámsterdam, decidieron hace siete años que no querían perderse el crecimiento de sus hijos.
Para ellos, el desafío no era trabajar “más duro”, sino hacerlo de manera más inteligente para liberar tiempo de calidad. En su empresa, los empleados cumplen ocho horas diarias durante cuatro días, logrando que el estrés disminuya y la lealtad hacia la marca suba como la espuma.
Los beneficios son tangibles: las licencias médicas por enfermedades asociadas al estrés han bajado drásticamente desde que se adoptó el modelo.
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“Mis mejores ideas aparecen cuando paseo a mi perro”, asegura una gerenta de recursos humanos que se toma todos los viernes libres. A pesar de trabajar casi cuatro horas menos a la semana que el promedio de la Unión Europea, los Países Bajos mantienen uno de los PIB per cápita más altos del mundo.
Esto echa por tierra el mito de que la riqueza de un país depende exclusivamente de la cantidad de horas que sus ciudadanos pasan en sus puestos de trabajo.
Los sindicatos locales presionan ahora para que esta modalidad se convierta en una recomendación oficial del gobierno para todos los sectores. Incluso en áreas críticas como el software o la salud, la flexibilidad se está convirtiendo en el imán principal para retener el talento joven.
No obstante, esta “discreta revolución” laboral está empezando a chocar con un muro demográfico que preocupa a los expertos de la OCDE.
El dilema de la productividad y el desafío para las familias del 2026
La OCDE ha puesto una nota de cautela sobre la mesa: la productividad neerlandesa se ha estancado en los últimos 15 años a pesar del bienestar social.
Daniela Glocker, economista de la organización, advierte que si no se produce más por cada hora trabajada, la calidad de vida podría verse amenazada. A esto se suma el envejecimiento de la población: mientras más personas se jubilan, hay menos manos disponibles para sostener el sistema con jornadas cortas.
Otro factor clave es el sesgo de género, ya que tres de cada cuatro mujeres en ese país trabajan a tiempo parcial, frente a solo uno de cada cuatro hombres.
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El acceso a salas cuna y una carga tributaria compleja para quienes trabajan más horas actúan como barreras para que muchas mujeres asuman jornadas completas. Incluso en una sociedad avanzada, el conservadurismo institucionalizado hace que muchos crean que las madres con niños pequeños no deberían trabajar demasiado.
Para los defensores del modelo, la semana de cuatro días es precisamente la solución para atraer a más personas al mercado laboral en sectores con escasez de personal.
En Chile, donde la discusión sobre la productividad suele ser el gran freno a las reformas, el espejo holandés ofrece lecciones valiosas y advertencias serias. La sostenibilidad del sistema dependerá de encontrar el punto justo entre disfrutar la vida y asegurar que la máquina económica no se detenga por falta de combustible.
Por ahora, los neerlandeses siguen eligiendo el tiempo libre, convencidos de que la felicidad es, en última instancia, el mejor de los negocios.




