El Ministerio de Transportes ha confirmado que los buses articulados, conocidos popularmente como “orugas”, dejarán de circular durante la jornada nocturna. La red de transporte público en la capital chilena enfrenta una reestructuración profunda para optimizar sus recursos financieros sin comprometer el traslado de los pasajeros.
Esta medida busca reducir los costos operativos de la cartera mediante la sustitución de estas máquinas de gran tamaño por buses estándar de 12 metros.
El titular de la cartera, Louis de Grange, ha señalado que el costo de funcionamiento de una unidad articulada duplica al de un vehículo convencional. La decisión responde a un análisis técnico que reveló una baja validación de pasajes durante las horas de la noche en comparación con la capacidad de los buses.
Ajustar el tamaño de la flota a la demanda real permite al sistema ahorrar recursos críticos sin alterar la frecuencia de los recorridos para los usuarios.
Eficiencia económica y optimización de la flota nocturna
La implementación de este cambio se enmarca en un plan de recorte del gasto ministerial orientado a mejorar la eficiencia de los fondos públicos. El uso de buses simples de 12 metros garantiza que el servicio nocturno mantenga su calidad mientras se reduce el consumo de combustible y mantenimiento.
De Grange ha sido enfático en que la medida no implica una disminución de la cobertura, sino un uso más inteligente de los activos disponibles.
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Las autoridades han detectado que durante la madrugada circulan más plazas de las necesarias, lo que genera un déficit innecesario para el erario fiscal. Con esta transición, el sistema de transporte metropolitano busca equilibrar la sostenibilidad financiera con la necesidad de movilidad de los trabajadores nocturnos.
El ahorro generado permitirá al ministerio cumplir con las metas presupuestarias exigidas por Hacienda para el presente periodo.
El fin de los buses de dos pisos y desafíos logísticos
Dentro del mismo paquete de ajustes, se ha anunciado que no se adquirirán más buses de dos pisos para el sistema de transporte urbano. Estas unidades han demostrado tener dificultades operacionales severas, ya que no pueden transitar por todas las arterias de la ciudad debido a su altura.
Su mantenimiento resulta extremadamente oneroso, pues la falta de repuestos locales obliga a realizar importaciones costosas desde el mercado asiático.
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La baja escala de producción de estas piezas específicas eleva los costos de reparación, manteniendo los buses fuera de servicio por periodos prolongados. Además, los estudios de flujo indican que estas máquinas son más lentas en las paradas, lo que termina perjudicando la puntualidad de los trayectos.
El enfoque prioritario se desplazará ahora hacia vehículos más versátiles y eficientes que aseguren una operación estable en toda la capital.





