Mientras los bosques chilenos enfrentan el rigor del cambio climático en febrero de 2026, al otro lado de la cordillera, en suelo brasileño, unos gigantes silenciosos cuentan una historia que comenzó mucho antes de la llegada de los conquistadores.
Se trata de los jequitibá-rosa, auténticas catedrales vegetales que han sobrevivido a cinco siglos de transformaciones profundas en el paisaje de la Mata Atlántica. En el Parque Estadual da Pedra Branca, en Río de Janeiro, un ejemplar específico ha captado la atención de científicos y visitantes por su asombrosa longevidad.
Con cerca de 500 años de vida, este árbol es considerado uno de los seres vivos más antiguos de la ciudad carioca, manteniéndose erguido como un testigo mudo de la historia.
Su imponente presencia no solo es un registro del tiempo, sino un pilar fundamental para el ecosistema que lo rodea y protege. Acompáñenos a descubrir los secretos de estos colosos que, a pesar de estar amenazados, siguen desafiando los límites de la naturaleza en el corazón de Brasil.
Un edificio de madera en medio de la selva virgen
Este ejemplar de jequitibá-rosa alcanza los 40 metros de altura, una dimensión comparable a un edificio de 13 pisos que sobresale por encima del dosel forestal. Su tronco, con una circunferencia de siete metros, revela una robustez que solo se consigue tras siglos de acumular anillos de crecimiento y resistencia.
La ubicación del árbol, a 200 metros de altitud y en una zona de difícil acceso, ha sido su mejor escudo contra la deforestación y la intervención humana.
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Científicos de la Fiocruz destacan que el aislamiento natural permitió que este espécimen sobreviviera mientras gran parte de su hábitat original desaparecía. Bajo su amplia copa, se desarrolla un microecosistema único donde conviven diversas especies de aves e insectos que dependen exclusivamente de su sombra.
Hoy, la preservación de esta especie (Cariniana legalis) es una prioridad urgente, ya que se encuentra en la lista roja de especies en peligro de extinción.
Expertos quieren asegurar su descendencia
Expertos del Centro Nacional de Conservación de la Flora (CNCFlora) trabajan ahora en la recolección de semillas de estos gigantes para asegurar su descendencia. El objetivo es producir mudas en viveros especializados para reintroducir estos linajes genéticos centenarios en áreas degradadas de la costa brasileña.
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Estos árboles no solo capturan carbono de forma masiva, sino que actúan como guardianes de la biodiversidad en una era donde la naturaleza busca aliados para sobrevivir.
Para Chile, que comparte la preocupación por la protección de especies milenarias como el alerce, el ejemplo brasileño ofrece valiosas lecciones de gestión ambiental.





