En los confines de la Gran Nube de Magallanes, a 160.000 años luz de la Tierra, un coloso cósmico está desafiando los pronósticos de la astronomía moderna. La supergigante roja WOH G64, una estrella 1.500 veces más grande que el Sol, parecía estar en su lecho de muerte lista para estallar como supernova.
Tras una década de cambios drásticos, donde quedó envuelta en un denso capullo de polvo, los científicos creían observar los últimos suspiros del astro.
Sin embargo, un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad Andrés Bello (UNAB) captó pistas que sugieren un giro inesperado en su historia. El hallazgo de moléculas frías en su atmósfera confirma que la estrella aún no ha colapsado hacia su etapa final de explosión.
Se trata de un fénix estelar se niega a desaparecer, junto a una misteriosa acompañante en su dramática transformación.
Por qué el gigante aún no explota
Nuevas observaciones realizadas en Sudáfrica permitieron realizar un análisis espectroscópico profundo de la luz que emite esta supergigante. La detección de moléculas específicas en su entorno fue el dato clave que cambió la teoría de su muerte inminente.
Estas partículas solo sobreviven en ambientes de calor moderado, lo que indica que la estrella sigue siendo una supergigante roja inflada y fría.
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Si el astro estuviera a punto de estallar, su núcleo y atmósfera se habrían vuelto mucho más calientes y compactos de lo que muestran los datos actuales. Este descubrimiento descarta, al menos por ahora, que los cambios drásticos de la última década fueran el preludio de una explosión catastrófica.
Los científicos se enfocan ahora en entender qué fue lo que realmente provocó que la estrella “escondiera” su luz detrás de una cáscara de polvo.
El baile gravitacional que engañó a los astrónomos
La explicación más probable para su comportamiento actual no es el fin de su vida, sino la presencia de una estrella compañera en su órbita. Los expertos sugieren que este segundo astro se ha acercado recientemente a la supergigante, generando una perturbación gravitacional masiva.
Este acercamiento habría “estirado” la atmósfera de WOH G64, enfriándola y favoreciendo la creación de las nubes de polvo que la oscurecieron.
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Lo más fascinante para la comunidad científica es que estos cambios han ocurrido en un periodo de solo diez años, una fracción mínima en la escala cósmica. Poder observar la evolución de un objeto de este tamaño en tiempo real es una oportunidad única que sucede pocas veces en la historia de la astronomía.
La estrella sigue bajo vigilancia constante, convirtiéndose en el laboratorio natural más importante para entender cómo mueren realmente los gigantes del universo.





