La persistencia de la duda sobre la existencia de otras formas de vida de extraterrestres impulsa a la humanidad a emitir señales constantes hacia la inmensidad del cosmos. Esta búsqueda de respuestas se fundamenta en la premisa de que existen miles de millones de estrellas similares al sol con planetas capaces de albergar civilizaciones.
El esfuerzo por establecer contacto directo ha llevado a la creación de complejos códigos diseñados para ser interpretados por seres con conocimientos científicos avanzados.
Desde la década de 1970 se han lanzado diversos artefactos que actúan como testimonios físicos de la presencia humana en el sistema solar. Conocer los componentes de estas cápsulas del tiempo y las rutas trazadas hacia los cúmulos estelares resulta fundamental para comprender el alcance de nuestra huella espacial.
Placas con representaciones humanas y el disco de oro de las sondas voyager
En los años 1972 y 1973 se enviaron al espacio las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11 cargadas con un mensaje visual específico. Estos programas incluyeron placas de oro y aluminio que contenían la representación de un hombre y una mujer desprovistos de vestimenta.
Dichos grabados también detallaban la posición exacta del sol respecto al centro de nuestra galaxia para facilitar la ubicación de la tierra.
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Posteriormente en 1977 las sondas Voyager 1 y Voyager 2 llevaron consigo el Voyager Golden Record para un gramófono. Este disco de oro contenía una amplia variedad de sonidos e imágenes digitalizadas que servían como evidencia de la civilización humana.
El contenido de las Voyager es considerado el registro más fascinante enviado hasta ahora pues describe de forma detallada cómo es nuestro planeta.
Fórmulas químicas de arecibo y la nueva señal
En 1974 se utilizaron ondas de radio desde el telescopio de Arecibo para enviar fórmulas químicas y figuras estilizadas hacia el espacio profundo. Esta transmisión se dirigió específicamente al aglomerado globular M13 ubicado a una distancia aproximada de 25000 años luz de la tierra.
La próxima misión relevante consiste en el envío de una señal denominada Beacon in the Galaxy a través de un potente telescopio en China.
Este mensaje proyectado para el año 2023 incluye conceptos de física y matemáticas destinados a superar las barreras del lenguaje convencional. A pesar de estos intentos el científico Carl Sagan advirtió que la probabilidad de que estos objetos sean encontrados por terceros es extremadamente baja.
Lanzar estas grabaciones al océano cósmico representa una cápsula del tiempo y una expresión de esperanza ante la inmensidad del universo.





