El mundo se detuvo el pasado 3 de enero cuando las tropas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en una operación sin precedentes.
Hoy, en este febrero de 2026, el mapa geopolítico de Sudamérica se redibuja bajo la sombra de los aviones presidenciales de Washington.
Donald Trump, apostado a las afueras de la Casa Blanca, ha lanzado una sentencia que resuena con fuerza desde el Caribe hasta el Estrecho de Magallanes.
El mandatario norteamericano ha confirmado que pisará suelo venezolano en un viaje que marcará el inicio de una nueva era para el continente.
Para quienes han seguido de cerca la crisis migratoria y política de la región, este anuncio representa un giro dramático en la historia.
Venezuela ya no es el país bloqueado del pasado, sino el nuevo tablero de ajedrez donde el petróleo ha vuelto a ser el rey absoluto.
Trump no solo promete una visita, sino que asegura que la relación con la actual administración de Caracas atraviesa un nuevo momento.
La figura de Delcy Rodríguez, hoy como presidenta encargada, aparece como la aliada clave en este complejo rompecabezas de poder y energía.
Mientras los preparativos de seguridad se intensifican, los mercados internacionales observan con asombro el regreso del crudo venezolano a las refinerías.
Esta es la historia de cómo la codicia por el petróleo ha logrado lo que años de sanciones no pudieron.
Chevron, Repsol y el negocio del crudo
La maquinaria petrolera ha recibido luz verde para operar con pase libre que no se veía en suelo venezolano desde el año 2019.
El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha emitido nuevas licencias que abren las puertas de par en par a las compañías extranjeras.
Nombres de peso mundial como Chevron, BP, Shell, Eni y la española Repsol ya preparan sus taladros para extraer la riqueza del subsuelo.
Trump ha sido tajante al explicar que solo Estados Unidos posee la capacidad tecnológica necesaria para refinar ese crudo de manera eficiente.
La estrategia es clara: las petroleras sacan el producto, lo venden por sumas millonarias y el Estado venezolano recibe una tajada.
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Para el público chileno, que ha sentido el impacto del precio de los combustibles, esta movida en el mercado es una noticia vital.
El anuncio no elimina el marco general de sanciones, pero genera un corredor económico en este inicio de 2026.
Repsol, por ejemplo, ya planea aumentar sus inversiones de capital y su producción de manera significativa tras este histórico permiso.
Washington se encarga de la logística y el refinamiento, consolidando un monopolio energético que redefine las lealtades en la región.
La era post-Maduro y el nuevo orden bajo la mirada de Washington
La captura de Nicolás Maduro a manos de las fuerzas estadounidenses cambió las reglas del juego de manera definitiva para toda Sudamérica.
Desde aquel 3 de enero, el Gobierno de transición liderado por Delcy Rodríguez ha trabajado con la administración de Donald Trump.
El presidente estadounidense no escatima en elogios para la mandataria interina, asegurando que el trabajo conjunto es “muy cercano” y efectivo.
Esta visita presidencial, aunque aún no tiene una fecha definida en el calendario, es vista como el sello de aprobación final al nuevo régimen.
En Chile, la comunidad venezolana y los observadores políticos debaten sobre las implicancias de esta intervención directa de la potencia del norte.
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Trump insiste en que el petróleo está fluyendo y que otras naciones están pagando fortunas por un recurso que antes estaba paralizado.
La Casa Blanca busca asegurar que el flujo de energía sea constante para evitar nuevas crisis inflacionarias que golpeen su propia economía.
El plan consensuado entre Washington y Caracas busca reabrir el mercado petrolífero local de forma total antes de que termine el año.
Es un escenario que hace apenas unos meses parecía parte de una novela de espionaje y que hoy se concreta en anuncios oficiales.
La llegada de los aviones de Estados Unidos a Venezuela no es solo un viaje diplomático, es la confirmación de un nuevo orden mundial.
El mundo entero espera el momento en que el Air Force One aterrice en el aeropuerto de Maiquetía para cerrar este capítulo de la historia.





