El auge del deporte en parques y plazas de Chile ha transformado el paisaje urbano, consolidando una tendencia que parece no tener vuelta atrás. Cada vez son más los chilenos que deciden abandonar el encierro de los gimnasios y el ruido de las máquinas para buscar la libertad que ofrece el entrenamiento al aire libre.
Sin embargo, lo que comienza como una búsqueda de bienestar puede convertirse en un riesgo si no se consideran factores críticos como la radiación solar y la hidratación.
Especialistas en cardiología advierten que el entusiasmo por “ponerse en forma” a menudo ignora las señales de alerta que envía el cuerpo ante el estrés térmico. En un país con climas tan diversos como el nuestro, entender la relación entre el esfuerzo físico y el entorno es vital para evitar emergencias médicas graves.
Acompáñenos a revisar las recomendaciones de los expertos para que su rutina deportiva en el parque sea una fuente de salud y no de lesiones.
Sol, deshidratación y estrés térmico
Entrenar cerca de la naturaleza mejora la producción de vitamina D y el bienestar mental, pero somete al corazón a una carga de trabajo significativamente mayor.
El doctor Leandro Echenique, cardiólogo y médico deportivo, explica que la exposición solar combinada con una baja disponibilidad de agua eleva el riesgo de deshidratación. Esta situación es especialmente delicada para los niños, quienes suelen ignorar las señales de malestar, y para los adultos mayores, que tienden a sentir menos sed.
Te puede interesar: Ejercicio físico es clave para la salud cerebral, dice neurocientífica experta en Alzheimer
Las personas con hipertensión o enfermedades circulatorias deben ser cautelosas, ya que el calor altera directamente la presión sanguínea y la fluidez de la circulación.
Para mitigar estos riesgos, la recomendación es clara: realizar actividad física antes de las 9:00 de la mañana o después de las 6:00 de la tarde. El uso de ropa ligera de colores claros, bloqueador solar y un gorro adecuado son barreras esenciales para reducir el impacto directo de la radiación UV en la piel.
Además, la hidratación debe ser proactiva; no basta con beber agua al sentir sed, sino que se deben consumir al menos 250 ml por cada hora de ejercicio.
El golpe de calor y el riesgo de las “metas de año nuevo”
Cuando la temperatura corporal supera los 40 °C debido al esfuerzo extremo, nos enfrentamos a un golpe de calor, una emergencia médica que puede ser mortal.
Los síntomas iniciales como mareos, náuseas y cansancio excesivo deben ser tomados con total seriedad, deteniendo la actividad de inmediato al aparecer. Si estos signos progresan a confusión mental, vómitos o el cese repentino de la sudoración, el pronóstico se vuelve crítico y requiere atención de urgencia.
Otro peligro frecuente es el sobreentrenamiento impulsado por la presión social de obtener resultados rápidos tras las festividades o vacaciones.
Aumentar bruscamente la carga y la frecuencia de las sesiones eleva exponencialmente el riesgo de desgarros, tendinitis e incluso fracturas por estrés. Para quienes dejan atrás el sedentarismo, los médicos sugieren no superar las tres sesiones semanales de 30 minutos al inicio para permitir la adaptación muscular.
La paciencia es la mejor aliada del deportista; el progreso debe ser gradual y siempre acompañado de una evaluación médica preventiva. El beneficio de moverse siempre superará al riesgo, siempre que el sentido común y la hidratación guíen cada kilómetro recorrido bajo el sol.





