La incertidumbre se apoderó de las oficinas de Telefónica en Chile, tras una jornada que muchos califican como negra.
Bajo la sombra de un cambio de propiedad, la empresa de telecomunicaciones ejecutó una desvinculación masiva que afectó a gran parte de su personal. Los pasillos de Movistar, habitualmente bulliciosos, se llenaron de silencio y cajas de cartón mientras cientos de profesionales recibían sus cartas de despido.
Esta drástica medida ocurre en un momento crítico, justo cuando la compañía se prepara para ser absorbida por nuevos capitales internacionales.
Fuentes cercanas a la operación señalan que el recorte no fue una decisión al azar, sino una exigencia directa de los futuros controladores del holding. Acompáñenos a desglosar el impacto de esta reestructuración y las razones que llevaron a los nuevos dueños a reducir drásticamente la dotación.
Entre el 20% y el 30% de la plantilla queda fuera
Las cifras que emanan de los sindicatos son desoladoras: se estima que entre 600 y 800 trabajadores fueron desvinculados en un solo día.
De una dotación total que superaba los 3.200 funcionarios, casi un tercio de la fuerza laboral se vio obligada a dejar sus puestos de manera inmediata. Esta estrategia de eficiencia operativa busca aliviar la carga financiera de la empresa antes de que se concrete el traspaso definitivo de las acciones.
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NJJ Holding y Millicom Spain, los nuevos actores en el tablero, habrían puesto esta reducción como una cláusula innegociable para cerrar el trato. Para los expertos del sector, este movimiento refleja la agresiva transformación que enfrentan las telcos para sobrevivir en un mercado cada vez más digitalizado.
Las condiciones detrás de la millonaria compra
La venta de Telefónica ha estado marcada por negociaciones intensas, donde los altos costos operacionales de la plantilla chilena fueron el principal punto de fricción. Millicom habría solicitado explícitamente “limpiar” la estructura organizacional para garantizar que la adquisición sea financieramente atractiva desde el primer día.
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Esta exigencia ha generado un profundo malestar en las organizaciones sindicales, quienes acusan una falta de sensibilidad social en medio de la millonaria transacción.
La medida impacta no solo a los despedidos, sino también al clima laboral de quienes permanecen, quienes ahora deben asumir las tareas de sus antiguos colegas. Mientras la operación avanza hacia su etapa final, queda la interrogante sobre cómo afectará este recorte a la calidad del servicio técnico y atención al cliente.





