La búsqueda de experiencias gastronómicas fuera de lo común impulsa a los viajeros a recorrer rincones remotos para cocinar alimentos. La fusión entre la alta cocina y las fuerzas de la naturaleza alcanza su máxima expresión en un enclave donde el menú se procesa con energía del subsuelo.
Esta propuesta culinaria prescinde por completo de las fuentes de energía tradicionales para dar paso a un sistema de cocción de origen geológico.
El funcionamiento del establecimiento desafía las lógicas de la ingeniería moderna, aprovechando una anomalía térmica para deleitar a los comensales. Conocer los secretos de esta cocina alimentada por la energía de la Tierra resulta indispensable para los amantes del turismo de aventura y la buena mesa.
Parrillas de basalto sobre calor extremo y platos tradicionales
En el restaurante El Diablo, ubicado en las Islas Canarias, los chefs cocinan carnes y pescados utilizando el calor de un volcán activo. El sistema de barbacoa único en su tipo no utiliza fuego, electricidad ni gas natural para el procesamiento de los alimentos.
Una rejilla de hierro cubre un pozo circular de basalto que canaliza la alta temperatura hacia la superficie del comedor.
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En este punto exacto, el calor natural de la Tierra oscila de forma constante entre los 400 y los 600 grados Celsius. Los cocineros preparan platos tradicionales canarios a base de cordero, pollo y pescados frescos sobre esta particular estufa geotérmica.
El macizo volcánico no registra erupciones desde 1824, lo que garantiza la seguridad de quienes acuden a disfrutar de la comida.
Arquitectura sobre la Sierra de Fuego y panorámicas del parque
La estructura del establecimiento fue construida por el arquitecto local César Manrique en 1970 en la cima de la Sierra de Fuego. Debido al intenso calor del terreno, los constructores no pudieron colocar los cimientos tradicionales para levantar las paredes del local.
El equipo de diseñadores debió añadir 9 capas de roca basáltica para dar forma a la base sólida de la edificación.
Los ventanales del recinto ofrecen vistas panorámicas de las calderas volcánicas, conos, cráteres y campos de lava negra de Timanfaya. El paisaje circundante se mantiene inalterado desde el siglo 19 gracias a las escasas precipitaciones de la zona y la protección del gobierno.
La cocina cierra sus puertas a las 15:30 horas, aunque existen cenas especiales los martes por un valor de 50 euros.




