El peso de un apellido que dividió la historia de Chile vuelve a instalarse en la palestra. La figura del dictador Augusto Pinochet sigue proyectando sombras sobre el debate público, especialmente cuando sus descendientes deciden salir del ámbito privado.
En el Chile actual, el acceso al poder no se hereda por linaje ni por derecho propio, sino que se disputa bajo las estrictas reglas del sufragio universal.
Ningún mecanismo constitucional permite una sucesión automática, obligando a cualquier aspirante con el apellido Pinochet a someterse al escrutinio ciudadano.
Sin embargo, tras años de controversias patrimoniales, un miembro de la tercera generación familiar no abandona las aspiraciones a un cargo político. Se trata de Augusto Pinochet Molina, ex capitán del Ejército y nieto del fallecido general, quien busca revivir el legado familiar desde la gestión local.
Su incursión no ha estado exenta de polémicas, marcando un contraste evidente entre su herencia histórica y la realidad democrática del país.
Entre el recuerdo de Bucalemu y el PSC
Augusto Pinochet Molina, de 53 años, fijó su objetivo hace 2 años en la alcaldía de Santo Domingo, comuna de la Región de Valparaíso. Apoyado por el Partido Social Cristiano (PSC), una fuerza de raíces evangélicas y ultraconservadoras, quiso romper el largo dominio de Chile Vamos.
Para Pinochet Molina, la zona tiene un significado emocional profundo: allí pasó los veranos de su infancia junto a sus abuelos en la mítica residencia de Bucalemu. Asegura que su conocimiento del balneario y sus vínculos históricos lo posicionan como una alternativa real para los vecinos.
Te puede interesar: El conductor de TV más rico de Chile tiene una fortuna de US$ 200 millones y pocos lo saben
En su discurso, cuestionó la “arrogancia y complacencia” de quienes han gobernado la comuna por décadas, proponiendo una gestión renovada.
No obstante, su candidatura despertó recelo en diversos sectores, preocupados por la vuelta del “pinochetismo” a la primera línea política.
El sistema republicano chileno, consolidado desde 1990, garantiza que Molina deba competir en igualdad de condiciones, sin los privilegios del pasado. La democracia exige que cualquier heredero de un ex gobernante deba convencer con propuestas y no con el árbol genealógico que lo respalda.
Un pasado marcado por la baja militar y la cocaína
La trayectoria de Pinochet Molina saltó a la luz pública en 2006, durante el funeral de su abuelo, con un discurso que le costó su carrera militar.
En plena Escuela Militar, reivindicó la figura del dictador como un líder que derrotó al marxismo, atacando directamente la labor de los jueces chilenos. Aquella alocución fue considerada una falta grave a la prescindencia política del Ejército, provocando su baja inmediata de las filas institucionales.
Artículo recomendado: ¿Cuál es el sueldo mensual para ser político en Chile?
Sin embargo, el episodio más oscuro de su historial ocurrió en mayo de 2015, en una plaza céntrica de la ciudad de Antofagasta.
Molina fue detenido por la policía tras ser sorprendido consumiendo cocaína y portando más de 600 gramos de la misma sustancia en su poder. Este antecedente judicial ha sido un flanco constante de críticas, poniendo en duda su idoneidad para liderar cualquier propuesta.
Lo único cierto en el Chile de 2026, es que el poder depende exclusivamente de las urnas y del marco constitucional que no admite privilegios de sangre.





