Lo que comenzó como una costumbre infantil inofensiva terminó en una pesadilla médica. Gabby Swierzewski, una joven de 21 años, enfrentó una de las experiencias más aterradoras de su vida tras desarrollar una infección severa.
El hábito de morderse las uñas, conocido como onicofagia, le provocó una lesión que escaló rápidamente hasta amenazar la integridad de su mano.
En cuestión de días, una simple molestia se transformó en una inflamación extrema que los antibióticos comunes no lograron detener. La situación llegó a tal punto que los especialistas en cirugía de mano consideraron seriamente la amputación de la extremidad afectada.
Cuando el dolor supera los antibióticos
La crisis de Gabby se desató a principios de febrero, cuando notó una leve hinchazón que inicialmente atribuyó a una uña encarnada. Sin embargo, en menos de 48 horas, el dedo se tornó oscuro, aumentó su tamaño de forma desproporcionada y el dolor se volvió insoportable.
Pese a recibir dos ciclos distintos de antibióticos y ungüentos, la infección continuó avanzando de manera agresiva por los tejidos internos.
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Incluso en una clínica especializada, los profesionales fallaron al intentar drenar la zona, extrayendo solo sangre en lugar del pus acumulado. La joven relató que, durante sus turnos laborales, veía con horror cómo su dedo perdía color y la sensibilidad era reemplazada por punzadas agudas.
Este escenario obligó a una intervención de urgencia de madrugada, donde los médicos debieron realizar incisiones profundas para salvar la pieza.
La lección biológica tras una cirugía de limpieza
El 16 de febrero, Gabby entró a pabellón para una cirugía de emergencia destinada a extirpar el tejido necrótico y controlar la sepsis localizada.
Los cirujanos realizaron una apertura de dos centímetros para limpiar los abscesos que amenazaban con llegar al hueso del dedo. Durante la recuperación, el equipo médico mantuvo bajo estricta vigilancia la evolución de la herida ante el riesgo inminente de una amputación.
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Afortunadamente, tras exhaustivos análisis de laboratorio realizados a inicios de marzo, se confirmó que la infección no alcanzó el sistema óseo.
Hoy, la joven utiliza sus redes sociales para advertir a otros sobre los peligros de este hábito que muchos chilenos practican por ansiedad. Su testimonio busca concientizar que una pequeña herida en la cutícula es una vía de entrada directa para patógenos que pueden ser letales.





