España y Grecia son el escenario de violentas manifestaciones que piden cambios políticos y sociales.
16 de junio 2011
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Barcelona y Atenas fueron ayer el escenario europeo del descontento popular. En España hace más de un mes que el movimiento de los "indignados" viene pidiendo un cambio político, social y económico, con múltiples protestas en las principales ciudades del país. Ahora se suma a esta tendencia Grecia, un país que no ha logrado salir a flote desde su gran crisis económica y que por esa razón el año pasado había sido escenario de violentos enfrentamientos con la policía.
Bloquean el parlamento
Las manifestaciones españolas comenzaron a concentrarse en Barcelona desde el lunes, luego de que se desmantelase el campamento que habían levantado los protestantes en en el centro de Madrid.
Ayer, con el fin de impedir que se realizara una sesión en el Parlamento Regional, los "indignados" bloquearon las entradas para automóviles e increparon desde cerca a los diputados que asistían a la sesión, muchos de los cuales tuvieron que salir del lugar en helicópteros.
La policía intentó dispersar a la gente, causándose al menos 23 heridos, de los cuales tres serían parte de los Mossos d'esquadra, las fuerzas policiales catalanas.
La tercera del año
Grecia vive un momento difícil. El gran problema financiero helénico ha vuelto a ser el centro de discusión y división en el núcleo del Parlamento europeo. Dos tesis se manejan respecto de la situación actual del país. Hay quienes creen que el mercado griego no es lo suficientemente solvente y ponen en duda la factibilidad de la eurozona por los mercados. Mientras que países como Francia y Bélgica abogan por la participación voluntaria.
Sea cual sea la solución a esta crisis, el hecho es que las calles volvieron a llenarse de imágenes de violencia, principalmente alrededor del Parlamento. Y es que la tercera huelga general del año ha paralizado al país y ha provocado la movilización de unos 3.500 agentes de la policía.
"Que se vayan los ladrones" o "no debemos, no pagamos, no vendemos", son las consignas más escuchadas en Atenas y el Primer Ministro Papandreu no sólo tiene que enfrentar este caos, sino que también debe lidiar con una disidencia de legisladores de su propia fuerza.