La tranquilidad del retiro se ha transformado en un campo de caza para las mafias digitales. Las cifras oficiales revelan una realidad desoladora para la tercera edad en el país. Más de 9.000 personas mayores de 66 años denunciaron haber sido víctimas de fraudes y estafas durante el último periodo anual.
Lo que comenzó como casos aislados hace 8 años, hoy se ha cuadriplicado, encendiendo las alarmas en la Subsecretaría de Prevención del Delito.
Detrás de cada denuncia hay ahorros de toda una vida que desaparecieron tras un simple clic o una llamada telefónica convincente. Lamentablemente, la “cifra negra” de víctimas podría ser mucho más alta de lo que indican las estadísticas.
SMS, falsos bonos y la brecha digital que castiga a mayores de 66 años
Los delincuentes han perfeccionado sus métodos, aprovechando la escasa familiaridad de este segmento con las trampas cibernéticas. El envío masivo de mensajes de texto (SMS) con enlaces para “canjear puntos” o “retirar encomiendas” es la herramienta preferida de los estafadores.
Muchos adultos mayores confían plenamente en la información que reciben, asumiendo que los mensajes a nombre de bancos son siempre oficiales.
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Expertos señalan que la excesiva confianza y la falta de educación tecnológica formal dejan a los “viejenials” en una posición de desprotección total. Las ofertas de televisores a precios irrisorios o bonos estatales inexistentes actúan como el cebo perfecto ante las bajas jubilaciones actuales.
En ciudades como Antofagasta, los delincuentes incluso acechan físicamente a los ancianos durante los días de pago de pensiones en las cajas de compensación.
Por qué miles de víctimas eligen no denunciar el robo
A pesar de los 9.180 casos registrados en 2025, organizaciones sociales advierten que estos números son solo la punta del iceberg. Existe un alto porcentaje de personas que no denuncian por vergüenza, desconocimiento de los procesos judiciales o falta de fe en la justicia.
Karen Osorio, vocera de agrupaciones contra el crimen organizado, afirma que muchos sienten que las denuncias “no llegan a ningún puerto”.
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Esta impunidad percibida alimenta un círculo vicioso donde los delincuentes operan con libertad, sabiendo que el rastro digital es difícil de seguir. La situación se agrava cuando el fraude ocurre a través de cadenas de WhatsApp, donde el origen del engaño se diluye entre contactos conocidos.
La autoridad enfrenta hoy el desafío urgente de estandarizar la alfabetización digital para proteger el patrimonio y la salud mental de los mayores.





