Patricio Corvalán Columnista

Los ’70: Le regalaron una grabadora, que pesaba un par de kilos. La miró y se decidió a ser periodista, entrevistando primero a la gente del barrio. Tenía 9 años.
Los ’80: Después de salir de un liceo público, entrar a Periodismo y en la UC parecía una tarea imposible. Cuando leyó su nombre en la lista de seleccionados, apretó el puño y le sacó la madre al aire para relajarse.
Los ’90: En su primera colaboración en la Revista del Domingo de El Mercurio –un artículo sobre la moda del bolero en los jóvenes– su editor lo llamó. “Bien, cabro, buena pluma, bueeeena pluma”. Y se la sigue creyendo.
Los 2000: En diez años se casó, se divorció, nacieron sus tres hijos, se enamoró y perdió a sus padres y a un hermano, que tenía apenas 50 años. “Vive el segundo”, se dice a sí mismo, convencido.
Hoy: La independencia la asumió después de dirigir una escuela de Periodismo. La decisión la tomó para volver a escribir, a viajar y a ser libre. Y claro, para seguir viviendo el segundo.