Columna de Daniel Fuenzalida: alerta con los tranquilizantes

La Hora

Viernes 18 de octubre de 2019

Es un hecho que la adolescencia es un período de cambios. Es la etapa del despertar sexual y de la búsqueda de una identidad frente a sus pares y entorno. Justamente es también donde aparecen conductas que encienden las alarmas de la sociedad y llaman a tomar medidas sobre la prevención.

El uso de tranquilizantes químicos -sin receta ni prescripción médica- parece ser una costumbre que suma adeptos. Cada vez se conocen más casos de jóvenes que optan por este tipo de sustancias, buscando un falso placer o una “mejor calidad de vida”.

Según estudios del Senda, la edad promedio de inicio de la ingesta es los 14 años. Este dato preocupa. En terapia de rehabilitación he conocido muchos casos de adultos que han manifestado que su inicio en el espiral de las drogas es a través de los tranquilizantes. En sus testimonios existen ciertos elementos en común: se habla de estrés como gatillante y atmósferas de competición escolar, donde los padres exigen a sus hijos mejores notas sin importar el bienestar emocional de los menores.

Desde el punto de vista de la formación cerebral, un consumo precoz de estas sustancias puede afectar el desarrollo cognitivo y los daños serían irreversibles.

En la mayoría de los casos que me ha tocado conocer, las personas que han comenzado a consumir fármacos lo hacen porque en sus casas existen este tipo de pastillas. Primero lo utilizan como inductor del sueño, después a toda hora.

El mejor consejo para los padres que tienen hijos adolescentes es la comunicación. Para esto es vital dejar de lado los elementos tecnológicos, como los celulares, y enfrentar conversaciones profundas que ayuden a conocer sus miedos, aspiraciones y frustraciones.

En medio de la fiebre de internet, también hay que preocuparse de los “retos”, instancias donde los jóvenes son desafiados por sus pares para realizar actividades fuera de toda lógica. El peligro es constante y hay datos concretos que indican que es creciente la moda del reto de los tranquilizantes por un tiempo acotado, generalmente 24 horas.