Columna Francisca Crispi: transporte y salud de mujeres

La Hora

Martes 09 de abril de 2019

El sistema de transporte puede impactar diferencialmente la salud de hombres y mujeres. En este se reflejan patrones sociales de trabajo, roles de cuidado y violencia, determinando la calidad de vida y condiciones para una buena salud y buen vivir de las poblaciones.

Los patrones de traslado difieren por género. Se describe que las mujeres realizan un traslado en “zig-zag”, caracterizado por un mayor número de viajes. Esto, tanto por su rol predominante en el trabajo informal, como por viajes en relación a las tareas del hogar y de cuidado.

Así, a la brecha salarial se le suma el gasto en traslados. Y, a la conocida “doble jornada laboral”, se suma el tiempo de transporte. Esto merma el tiempo disponible para la actividad física, alimentación saludable, el descanso y recreación- elementos fundamentales para la salud física y mental. Y la posibilidad de “Elegir vivir sano”, se ve comprometida por condiciones estructurales incompatibles con esta “elección”.

También, el temor a la violencia física y sexual en el transporte condiciona las decisiones de las mujeres, constituyéndose como un factor estresor frecuente. Por ejemplo, la ENUSC 2015 reporta que un 57% de las mujeres evita los paraderos en la noche para evitar delitos. Como bien ha relevado el Observatorio contra el Acoso Chile, el acoso sexual callejero es frecuente: un 85% de las mujeres ha sido víctima de acoso sexual callejero en el último año.

Urge avanzar hacia un sistema de transportes que aporte a disminuir estas iniquidades y violencias de género, y a mejorar la calidad de vida de la población. Si bien se reconocen causas estructurales en el problema, a la par de la búsqueda de un cambio estructural necesitamos avanzar en soluciones intermedias para reducir las brechas. Un ejemplo de estos avances es la recientemente aprobada Ley de Acoso Callejero, sin embargo, el camino que recorrer aún es largo.