Columna Daniel Fuenzalida: ¿Cómo reconocer a un adicto?

La Hora

Viernes 08 de febrero de 2019

¿Cómo me iba a dar cuenta que mi hijo estaba drogado?”. Muchos padres, en el marco de tratamientos de rehabilitación, esgrimen lo difícil que es detectar la presencia de estupefacientes en un hijo. Sin embargo, dependiendo del tipo de sustancia que nos enfrentemos, existen algunos tips que pueden ayudar a darnos cuenta si estamos frente a un potencial consumidor.

Es importante destacar que las señales de peligro no siempre reflejan una conducta adictiva. No obstante, vale la pena estar alertas. Prevenir siempre es mejor que curar, dice el refrán.

Entre los signos que pueden reflejar que algo está pasando en la casa están los repentinos cambios en la personalidad y en los hábitos. Asimismo, el estado de ánimo puede reflejar algo, ya que una persona de la noche a la mañana no puede estar irritable o susceptible a menos que tenga un problema serio y evidente.

El rendimiento de los estudiantes suele ser otro parámetro. Caídas en las notas, o ausentismo del trabajo nos dan a conocer que debemos poner atención. Lo mismo que en el aspecto físico: alguien que despreocupe su aseo puede estar pasando por un período límite. Lo mismo que cambios drásticos de imagen.

Los social también marca. No hay que quedar con los brazos cruzados si un adolescente -por ejemplo- se aísla de su grupo habitual de amigos. Más aún si miente, pelea o roba. Hay que intervenir -preventivamente- en casos de este tipo.

En cuanto a lo físico, desde la vereda de la medicina, los temblores, el insomnio, el aspecto adormilado y el lenguaje incoherente pueden apuntar a un posible consumo. Las crisis nerviosas, el insomnio y la pérdida del apetito son causales frecuentes de un potencial uso de drogas.

La cocaína es una de las sustancias más usadas en Chile. La cercanía con centros productores mundiales, como Bolivia, hace que esta droga esté presente en los índices de consumo casi transversalmente de nuestra sociedad. Sus efectos dependerán, en general, de la cantidad y la pureza del químico. Dosis elevadas pueden producir temblores, tics, movimientos convulsivos y alucinaciones. Entre las características más relevantes de una persona bajo los efectos de la cocaína es la sequedad de la boca, la gesticulación exagerada de los músculos faciales y los movimientos involuntarios (reflejos exacerbados).