Sexo + drogas: una suma letal

La Hora

Viernes 25 de enero de 2019

No son pocos los estudios científicos dedicados a la relación sexo-drogas. Muchos consumidores     -sin más peso que la creencia popular- aseguran que bajo la influencia del alcohol o sustancias adictivas sus relaciones sexuales mejoran en calidad y cantidad.

El alcohol representa un punto importante en el análisis. Por su fácil acceso y lo temprano que comienza su consumo, durante décadas se le atribuyó la capacidad de estimular el deseo. Muy por el contario, la ciencia se ha encargado de aclarar que en realidad es alcohol es un depresor. Sin embargo, al ser ingerido en pequeñas cantidades produce que se liberen las inhibiciones y eso gatilla una mejor interacción social. En la ebriedad, no obstante, hay una incapacidad total de poder responder a estímulos sexuales.

Cocainómanos

El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo (Senda) tiene en su sitio web una sección de mitos y realidades del consumo de drogas. En cuanto a la cocaína, sostiene que “estimula el sistema nervioso central, provocando una sensación de energía, vigor y rendimiento físico. Sin embargo, esta sensación termina cuando se acaba el efecto y va acompañada de nerviosismo, aumento de la ansiedad y problemas en el funcionamiento cardíaco, que podrían llevar a una arritmia e incluso provocar un infarto”.

La excitación post consumo -a juicio de expertos- es un efecto efímero. Tras pasar el período de “vigor y energía”, viene lo que comúnmente se denomina “el bajón”: cansancio y profundos sentimientos de vacío y depresión (de ahí que el índice de suicidio entre los cocainómanos sea muy alto).

La consecuencia lógica de este tipo de conductas es subir el consumo para “suplir” los estados depresivos. Sin embargo, esta ecuación no es real y aparecen los efectos no deseados de la droga, convirtiendo al adicto en el protagonista de un círculo vicioso.