Columna Humberto Sichel: El verdadero humor

La Hora

Martes 04 de diciembre de 2018

Costó más que nunca, pero se logró. De hecho, en su aniversario número 40, los responsables de la Teletón tuvieron que alargar una hora el show televisivo para asegurar la plata, así que al final se necesitaron 28 horas de amor para recaudar $32.851.438.341.

Aunque para algunos ni tanto amor, porque críticas siempre hay. Por ejemplo, que ciertos animadores se habían ido antes del Estadio Nacional, enojados por no tener suficientes minutos al aire. Si es real, es una soberana tontera y una pataleta infantil que no da ni para discusión. Nada más opuesto al fin que se persigue en una causa de esta naturaleza.

También aparecieron los que aprovecharon la ocasión para señalar que con la plata robada desde Carabineros se pagaba la Teletón completa y sobraba. Aunque la teoría es real y sirve para no perder la capacidad de asombro con lo que ocurrió ahí, como decía Ricarte Soto “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

Pero el mayor debate se dio frente a la presentación de Stefan Kramer (siempre uno de los más esperados), que esta vez emuló una emisión del programa fenómeno del año “Pasapalabra”, donde caracterizó a Luis Miguel y al presidente Sebastián Piñera, quien efectivamente salió muy mal parado de la performance: no sólo profería epítetos subidos de tono, sino que además se equivocaba en todas las respuestas de “El Rosco”.

Muchos salieron al paso para decir que Kramer se desubicó y que había que tener respeto frente a la máxima autoridad del país. Pero en honor a la verdad, el comediante lleva más de una década imitándolo, y siempre en la misma tecla. Entonces, ¿para qué lo invitan si se van a quejar?
Además, ¿cuál es la labor del comediante sino enfrentarse al poder? Por mucho tiempo nos acostumbraron a que reírse del mudo, del ciego o del cojo era más chistoso que vergonzoso. Hoy sabemos que el verdadero humor es todo lo contrario, decir lo que la gente no puede, ponerse en el lugar del desvalido. Y siempre va a ser bueno que se rían los otros, aunque sea una vez al año.