Adib Anastas: “Los vecinos me ayudan a reciclar”

La Hora

Viernes 23 de noviembre de 2018

A sus 12 años, el llamado “Niño Planeta” es un ejemplo reciclador y ambientalista para chicos y grandes.

A la inversa de los grandes ejemplos de la historia patria y mundial, un pequeño de 12 años se transformó en el motivador, en el camino a seguir para ayudar a cambiar las conductas egoístas y destructivas de aquellos que piensan y practican el lema “después de mí, el diluvio” en lo que a conservación y cuidado de la Tierra se refiere.

Se trata de Adib Anastas Fernández, un niño de Independencia, quien en su afán por reciclar desechos en una comuna de nuestra ciudad se ha ganado el nombre de “Niño Planeta” y es seguido en su afán tanto por menores como por adultos.

Poseedor de una inteligencia y conciencia muy especiales, a sus cortos ocho años escuchó el llamado de la Tierra, en la feria de Nueva de Matte: “Mi gusto por el reciclaje surgió por una campaña en Independencia, donde instalaron un punto limpio, cerca de mi casa. Pregunté para qué servía eso y ahí supe que era para reciclar, según me dijeron los encargados del lugar”, explicó a La Hora.

Muy pronto aprendió la mecánica de esta operación vital para el planeta: “Me explicaron que había botellas, cartón, vidrio y me comentaron que podía llevarlos para ayudarlos a reciclar, esto ya pasó hace cuatro años y desde ahí que los ayudo”.

“Lo que tiene que hacer la gente es tomar conciencia de la importancia de separar los deshechos”, cuenta este héroe de cortos años, en su casa del barrio Mirador Viejo.

Después de clases, Adib toma su triciclo, al que le adosa un carrito con ruedas y en él recoge la basura, la separa y ordena. Junta el material durante la semana y, al acabar ésta, lo deposita en un punto limpio de su barrio.

Adib, el menor de tres hermanos, sale acompañado de su madre, Angélica Fernández, a realizar su tarea, esa que a sus 12 años hace “para vivir en un mundo mejor”.

Por eso es que en su labor incansable por sus manos pasan “latas, cajas tetrapack de leche o de vino, botellas de vidrio o de plástico, todo lo que se pueda reutilizar” para ir en ayuda del planeta, que el ve como “una caja bien bonita por fuera, pero por dentro muy sucia”.

Su madre está feliz con Adib, al que describe como un niño diferente, no sólo por su educación ambientalista: “Sin criticar a otros, pero los chicos están preocupados de los celulares, de redes sociales, del fútbol y de ser más adelantados que su edad real… Pero él está en el reciclaje y dedicado al tenis de mesa, ya que se inscribió en un taller en el colegio”.

Agrega que “a él se le ocurren cosas, ideas de cómo ayudar, de cómo hacer algo más por el prójimo, de involucrar a más personas en su ideal”.

Y Adib lo sabe muy bien: “Los vecinos no sólo me miran en el reciclado, sino que se suman, me ayudan, ordenan los desechos y los ponen donde corresponde…En esta actividad se conocen personas y no se está solo nunca”.

A sus cortos años sabe que muchos dudan del peligro de la contaminación y el descuido con la Tierra y lanza un mensaje: “Si no creen, suban a un cerro de Santiago y verán hacia abajo basura y smog… Si después de eso no toman conciencia qué queda”.