Columna Humberto Sichel: Botar el voto

La Hora

Martes 09 de octubre de 2018

El domingo recién pasado hubo elecciones presidenciales en Brasil y aunque habrá balotaje el próximo 28 de octubre, la candidatura del ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, arrasó y obtuvo un 46,3% de los votos contra un 29,28% de Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

Pero seamos claros, el problema en sí no es el prejuicio que pudiera existir a la facción política a la que representa el ex capitán de Ejército, sino lo que él mismo se ha encargado de afirmar: que está a favor de la tortura, que los hombres ganen más que las mujeres y ser partidario de golpear a los homosexuales que se besen en la calle (pero no voy a discriminar, había dicho justo antes). También se ha mostrado en contra de los brasileños con ascendencia africana: “No hacen nada, más de mil millones de dólares al año gastamos en ellos” y amenazó con sacar a Brasil de la ONU porque dice que es un lugar de reunión de comunistas. Y ojo que este es un breve compendio de sus dichos porque el listado es extenso. De hecho, y aunque muchos ya lo bautizaron como el “Trump brasileño”, eso parece no importarles a sus compatriotas, sino que, todo lo contrario.

El comentario generalizado de los brasileños hastiados es que prefieren votar por él porque es mejor un “loco” que ponga freno a que el partido de los “trabajadores” siga robándose el país. Con Dilma destituida, Michel Temer con la aprobación más baja de un mandatario desde el retorno a la democracia y Lula da Silva preso por corrupción, el populismo corre con ventaja.

Es cierto que es urgente que la izquierda latinoamericana haga un mea culpa severo de una buena vez, pero de parte de los ciudadanos también se necesita acabar con esa levedad a la hora de votar, que pone en peligro la democracia, porque la lógica del “mal menor” rara vez funciona y después es muy difícil recuperarse. Ya vemos lo que pasa en Venezuela o Estados Unidos, por poner dos ejemplos que se contraponen. Una cosa es votar con rabia y otra muy distinta es hacerlo con egoísmo.