Columna Julio Salviat: la sonrisa de Alexis

La Hora

Lunes 24 de septiembre de 2018

Cuesta entender que una persona ande triste si llega a su casa cada día con sesenta millones de pesos, fruto de su jornada laboral. Y eso le está ocurriendo a Alexis Sánchez desde antes de su sorpresivo rompimiento de relaciones sentimentales con Maite Rodríguez.

Son las penas de amor las que lo afligen, pero no las humanas. Es el amor al fútbol, el desamor en este caso, el que lo tiene afligido. Intenta un esquive, y no le resulta. Lanza un pase, y falla. Remata al arco y la pelota, por uno u otro motivo, no entra. Lo tienen de suplente y, cuando logra la titularidad, no responde.

¿Dónde quedaron los celebrados carrerones para recuperar el balón perdido, las sorpresivas diagonales que desconcertaban a los defensores adversarios, los maravillosos desbordes imprevistos, los abundantes centros perfectos? Se quedaron en Londres sin tomar el tren hacia Manchester. Su fueron con el paternal Arsene Wenger y se negaron a estar con el hosco José Mourinho.

Cuesta creer que el llamado a ser la gran figura de la Premier Ligue, y goleador del torneo, haya rematado al arco nueve veces en las seis fechas disputadas, que haya contribuido con una asistencia apenas y que todavía no haga un gol. Eso explica que la brillantez de su mirada se haya apagado y que su permanente sonrisa se haya borrado.

¿Tendrá remedio el tocopillano? Niño ya no es. Maravilla está dejando de ser. Pero no puede haber olvidado cómo se juega. Está demasiado joven todavía como para desanimarse por una racha y un ambiente adversos.

Si yo fuera el entrenador del Manchester United, les sugeriría a los dirigentes que contraten a Mauricio Isla. Y, conseguido eso, ubicaría a Sánchez como extremo derecho. Les aseguro que entre ellos dos mejorarían el ataque rojo y les enseñarían a sus torpes compañeros cómo se arman las sociedades futbolísticas en beneficio de un equipo.

Esa sonrisa alegre y esa mirada limpia tienen que volver, tarde o temprano.