Columna de Alejandra Valle: Quintero en tres tiempos

La Hora

Viernes 07 de septiembre de 2018

Mil novecientos setenta y seis. Ventanas, provincia de Puchuncaví, cuando todavía se podía veranear. Las fotos en blanco y negro muestran un extenso mar, una larga playa, vegetación, mi papá con guayabera blanca, mi mamá con traje de baño, mi tía con un cintillo en el pelo. Mi primo y yo sonriendo, felices. Las vacaciones se pasaban en ese litoral, en Ventanas, en Quintero, en Loncura… No era una locura pensar en hacerlo.

1994. Las chimeneas tiran humo, el mar sigue siendo azul, pero su temperatura ha subido mucho. Es exquisito meter los pies en el agua temperada… Si, y solo si, te olvidas que esa alza de temperatura tiene que ver con la contaminación ambiental. Con mis compañeros de universidad decidimos irnos a otra playa más lejana, Laguna de Zapallar, Maitencillo, Papudo.

2013. Estamos en Quintero mirando al horizonte. El sol se pone, las gaviotas sobrevuelan a lo lejos. Mi marido me abraza, estamos en familia. Entonces Paulo le dice al quinterano que nos había invitado, mirando hacia nuestra izquierda, hacia donde están clásicas playas como El Durazno, Los Enamorados, que atraviesas para llegar a la Cueva del Pirata: “Qué lástima que playas tan lindas estén tan contaminadas…”. Y el quinterano le responde: “Pero no mires para allá, poh, mira hacia el otro lado”.

Nosotros quedamos plop. Pero pensando en todo lo que ha pasado en estos días, con los niños intoxicados, personas con cáncer, historias que nos cuesta creer que hemos dejado pasar. Porque la verdad es que aquí todos tenemos la culpa.

La zona industrial de esa zona tiene alrededor de 50 años. Ningún gobierno ha hecho algo, ningún diputado o senador por la zona y nosotros hemos optado “por mirar para otro lado” en vez de ocuparnos de lo que ahí pasa, en vez de exigirle a las autoridades, en vez de permitir que empresarios perversos nos compren con puestos de trabajo. Ya no podemos seguir dando vuelta la cabeza.