Columna Humberto Sichel: debut y despedida

La Hora

Martes 14 de agosto de 2018

Cuando uno escribe un discurso, puede hacer y deshacer a su antojo. No sólo eso, también puede editar lo que no quiere que se cuente, exagerar virtudes y matizar defectos. Pero al final, eso siempre puede suponer un arma de doble filo, porque como reza el dicho, el hombre es dueño de sus silencio y esclavo de sus palabras.

Y vaya que le costaron caras las palabras a Mauricio Rojas, quien hasta la semana pasada era precisamente el encargado de escribir los discursos del Presidente Piñera. Porque apenas fue nombrado Ministro de las Culturas y las Artes, salieron nuevamente a flote los juicios que emitió en contra del Museo de la Memoria el 2015, en el libro “Diálogos Conversos”, donde señaló que “es un montaje cuyo propósito es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”. Y eso no es todo: al año siguiente reafirmó sus pensamientos en una entrevista con CNN y agregaba que “se buscaba contar una versión falsa de la historia de Chile”.

Como se podía esperar, trató de retractarse diciendo que esos dichos ya no reflejaban su posición actual, pero era tarde y las redes sociales se encargaron de hacer viral el pasado y de inventar el hashtag #FueraRojas. Hace una semana, en esta misma columna hablábamos del derecho a cambiar de opinión, pero en un tema así de sensible para nuestra historia, ¿se puede hacerlo con tanta velocidad? Las 90 horas que duró en el cargo y el rechazo transversal nos hacen creer que no.

De todos modos, siempre se aprende algo. Por ejemplo, lo que piensan muchas de nuestras autoridades políticas, como el canciller Ampuero, el presidente de Renovación Nacional, Mario Desbordes; la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, e incluso la hija del Presidente, que insisten en que hay que mirar bien lo que pasaba antes de 1973, que suena más a encontrar el sentido inevitable del Golpe que a buscar justicia. Las violaciones a los Derechos Humanos no requieren contextualización y son inaceptables bajo cualquier circunstancia.

También aprendimos que, desde ahora en adelante, antes de mirar el currículum de una persona habrá que preguntar: ¿tiene usted algo que contar? De lo contrario, corre el riesgo que tal como la canción, sea un contrato que se archiva, una noche de debut y despedida.