Columna Humberto Sichel: Consecuentes vs. provocadores

La Hora

Martes 07 de agosto de 2018

Aunque se ha comentado mucho en los últimos días, si aún no está al tanto de lo que se vivió la semana pasada en el matinal de Mega, se lo resumo: el actor Alejandro Goic decidió irse del programa ante la presencia de la panelista Patricia Maldonado. Él, que fue detenido, torturado, exiliado y que sufrió la desaparición de varios de sus cercanos, explicó más tarde que “no le dio el alma, no le dio el corazón” para compartir el mismo set con quien ha sido históricamente una férrea defensora de Pinochet.

El momento traspasó la pantalla, se volvió viral, fue ampliamente comentado en la calle y en distintos medios de comunicación, donde, para mi sorpresa, el contrapeso de la acción de Goic estaba puesto en la “consecuencia” de la conductora. Y aunque nadie la defendió abiertamente, varios señalaron que ella siempre había tenido la misma postura frente a los hechos del pasado, como si aquello fuera un atributo en sí. Pero, ¿lo es realmente?

El biólogo Humberto Maturana, uno de los pensadores más respetados de nuestro país, contó alguna vez que en su laboratorio tenía una carta de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas clavada en la pared. Hay 30 derechos consignados en ella y agregó dos más que, aunque muy simples, podrían ayudarnos a comprender mejor el embrollo del que hablamos: el derecho a equivocarse y el derecho a cambiar de opinión.

Respecto al segundo, hay muchas personas que con el paso de los años y al enterarse de los crímenes que se cometieron en Chile, cambiaron su parecer y con ello su manera de enfrentar la vida. Es precisamente ahí donde radica el problema: hay hechos que nunca se podrán avalar y confundir eso con ser consecuente es un grave error.

Los alumnos de Maturana también agregaron un derecho a esta lista: el derecho a irse de un lugar sin que nadie se sienta ofendido, porque, dice Maturana, “la convivencia no debe ser una cárcel”. Por lo visto, Goic lo entendió clarito.