Columna Alejandra Valle: la pregunta del millón

La Hora

Viernes 17 de agosto de 2018

La memoria es frágil y hay que cuidarla. Algunos hacen sudokus, puzzles, comen pasas, sacan las grasas saturadas de su dieta y hacen ejercicios para evitar llegar a la vejez con alguna enfermedad degenerativa.

¿Pero qué se hace con un país? ¿Cómo logramos que los errores cometidos en el pasado no se repitan? Bueno, primero con las clases de historia, en las que deberían incluirse todas las miradas.

Y luego, con la revisión a través de reportajes, documentales y, por supuesto, museos, los que recogen la realidad, que -por dura que sea- no puede ser borrada si queremos aprender de ella.

¿Por qué conversamos de esto? Por lo que pasó con el ministro de las Culturas y las Artes, Mauricio Rojas, quien en una inédita medida, decidió renunciar a su puesto por la presión social de artistas y defensores de los Derechos Humanos debido a su opinión acerca del Museo de la Memoria, al que calificó de “montaje”.

Tras su salida, el pasado miércoles, miles de personas se reunieron en un acto que buscaba que no olvidemos lo que pasó entre el 11 de septiembre de 1973 y 1990. En ese acto, Amparo Noguera y Aline Kuppenheim pidieron “menos Pattis Maldonados en TV”, lo que escandalizó a algunos que las tildaron de incitadoras al odio.

No, poh, chiquilles, eso no es incitación al odio, eso sólo es hacer en tono de arenga un tema que nos convoca hace rato, y que analiza a quiénes le estamos pasando un micrófono, a personas que justifican asesinatos, torturas y violaciones a los derechos fundamentales de otros compatriotas por parte del mismo Estado, sin pedir disculpas, sin arrepentirse si un ápice, sino jactándose. ¿Deberíamos entregarles un micrófono? Creo que mientras no haya disculpas, mientras los cómplices activos y pasivos de la dictadura no cuenten la verdad de dónde están esos muertos, difícilmente podremos superar el tema. ¿Le costará mucho a Patricia agachar el moño y pedir disculpas? Esa es la pregunta del millón.