La increíble historia del observatorio astronómico ruso abandonado en el cerro El Roble

La Hora

Jueves 05 de julio de 2018

El astrónomo José Maza es hoy uno de los responsables de que esta joya astronómica aún exista, aunque necesita un millonario arreglo.
Por José Amigo Arias

Una derruida fachada en la cima del Cerro El Roble (entre la Región Metropolitana y la V Región) no hace imaginar lo que resguardan esos muros. Más que historia o memoria, el prácticamente abandonado observatorio que allí se erige contiene antiguas esperanzas científicas y proyectos ideados en conjunto entre astrónomos chilenos y rusos.

Pese a los sueños construidos y los recursos invertidos, hoy este observatorio se encuentra en una especie de limbo y solitarios guardianes lo cuidan del deterioro total.

Aunque pertenece a la Universidad de Chile, esta institución intenta mantenerlo y revivirlo, pero no tiene los recursos para implementarlo completamente. En tanto, los prometidos recursos rusos nunca llegaron y hoy no hay ni luces respecto del futuro de esta joya de los albores de la astronomía chilena.

Medio siglo de historia

Fueron más de 13 mil kilómetros los que recorrió Mitrofan Zverev, primer enviado de la misión soviética a nuestro país, que realizó un convenio con la Universidad de Chile en 1962.

El científico y miembro del Partido Comunista ruso traía consigo entonces equipos astronómicos que significaban la avanzada de lo que se proyectaba como un moderno observatorio chileno-soviético que se ubicaría en El Roble.

En 1967 este convenio comenzó a dar frutos con el desembarco en Chile del Maksutov, uno de los telescopios más avanzados e interesantes de esos años.

En esa misma época el nombre de José María Maza Sancho recién figuraba en la lista de los cursos de astronomía que impartía la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile.

Así, el entonces estudiante y hoy doctor en Astrofísica pudo tener sus primeros acercamientos con las estrellas con este histórico telescopio.

Entusiasmado, Maza vería en 1969 cómo comenzaba a funcionar el Maksutov, aprovechando los cielos chilenos, que han probado estar entre los mejores del mundo para la observación astronómica. Con esto empezó una relación de seis años mirando el cielo en búsqueda de supernovas. “Estoy enamorado del telescopio, me encanta”, dice Maza, en conversación con diario La Hora.

Caída en desgracia

Pese a este flechazo, el científico chileno lamenta el estado actual del observatorio. “Ahora, El Roble está para hacer un museo, pues es un refugio devorado por el tiempo”, resume el Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999, quien cuenta cómo el lugar cayó en desgracia.

“En septiembre de 1973, por razones obvias, los astrónomos rusos que trabajaban en El Roble dejaron el país. Yo tuve la oportunidad de utilizarlo una vez retornado de Canadá, en 1979, y lo usé, junto con un equipo, hasta 1985. Nos era muy caro mantenerlo, pues, por ejemplo, podíamos gastar mil dólares en placas fotográficas en una sola noche. Cuando el dólar pasó de 39 a casi cien pesos, este esfuerzo económico se hizo casi imposible”, relata Maza.

El astrónomo chileno explica que la gran diferencia del Maksutov con otros telescopios es “el campo angular (cinco por cinco grados), que permite hacer grandes búsquedas”.

Regreso fallido

Las esperanzas de José Maza revivieron cuando los rusos volvieron a interesarse en el Cerro El Roble, debido al asteroide que en la mañana de 15 de febrero del 2013 cayó en Cheliabinsk, al sudeste de ese país.

“Vinieron tres rusos en 2014 y estuvieron dos meses acá. Pusieron una cámara CCD con campo reducido en El Roble y se comprometieron a volver a reactivar el centro astronómico. Un colega y yo viajamos a Rusia para seguir avanzando en la colaboración y, por último, un técnico de la Universidad de San Petersburgo vino y la Universidad de Chile hizo un gran gasto para llevar el espejo del telescopio (con un cristal que pesa 600 kilos) al Cerro Tololo, para cambiarle el aluminio. Después de eso, no volvimos a saber nunca más de ellos”, se lamenta.

“Se suponía que ellos cambiarían toda la parte eléctrica, que data casi de la Segunda Guerra Mundial, y que el gasto total sería repartido en partes iguales”, cuenta el investigador chileno.

Pero, en la actualidad, la Universidad de Chile no puede gastar los cerca de mil millones de pesos que costaría -según cálculos preliminares- poner en funcionamiento el Maksutov.

“Parece que solamente terminará siendo para la entretención”, cuenta Maza algo ofuscado, aunque aún guarda algunas esperanzas de que sea reparado y sirva para complementar un futuro telescopio de búsqueda avanzada en el Cerro Tololo. “Con ambos, nuestros alumnos podrían prepararse para la astronomía del futuro, que es el análisis de un volumen enorme de datos”, cierra.