La historia detrás de las llamativas baldosas de Santiago

Emma Antón

Miércoles 11 de julio de 2018

Investigadoras revelaron los secretos detrás de estas piezas que decoran gran parte de la ciudad, desde las veredas a la Catedral.

Día tras día caminamos por las calles de Santiago y no nos damos cuenta de que pisamos, literalmente, la historia de la ciudad.

Las típicas veredas que cubren gran parte de la capital, aquellas grises con líneas diagonales que están entre medio de dos franjas laterales de baldosas terracota -conocidas popularmente como “chocolate”- son casi centenarias.

Así lo explican Bernardita Brancoli y Joyce Berstein, dos investigadoras de la Universidad del Desarrollo que se encargaron de recuperar el testimonio de las baldosas de la ciudad. Cerca de dos años estuvieron mirando el suelo de Santiago, estudiando específicamente aquel decorado pavimento y su origen.

Las hay de todos los colores y formas, y se pueden encontrar en las veredas y en lugares tan diferentes como el Cerro Santa Lucía y la Catedral de Santiago, o en casas particulares.

Creación

Pero ¿cuál es su principal valor? Todas fueron hechas a mano.

“La única máquina involucrada en el proceso es la prensa hidráulica, pero el proceso de producción de baldosas no ha variado desde 1860 y hasta el día de hoy se siguen fabricando igual a como se hacía hace más de 150 años atrás. Si uno va a una fábrica de baldosas el tiempo está totalmente detenido”, detalla Brancoli.

Si bien existe una máquina para fabricarlas, cada una de las baldosas implica el trabajo de diferentes maestros: el que crea las matrices para los modelos, el que mezcla el cemento, el que prepara los colores, el que corta las baldosas, el que las fragua, el que las instala y el que las pule.

Es decir, cada uno de los cuadrados, generalmente de 20×20 centímetros, pasa por siete manos antes de componer la obra final.

Las investigadoras detallan que esta técnica permitió extender el diseño a los suelos de forma más accesible para la población de la época; en ese entonces, el piso era de madera, barro cocido, piedra o mármol, si la persona tenía buena situación económica.

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“Aparte de la revolución que significaba la incorporación del diseño, la baldosa es hidrófuga, por lo que es una innovación también en el ámbito higiénico. Antes la gente entraba a la casa con la mugre de la calle y las baldosas permiten que el suelo sea lavado, trapeado”, agrega Berstein.

A Chile las baldosas comenzaron a ser importadas a fines del siglo XIX, pero fue sólo a inicios del siglo XX que comenzaron a fabricarse en territorio nacional.

Únicas

Volvamos a las veredas de Santiago y su valor patrimonial. ¿Patrimonial? Sí, porque de acuerdo a Brancoli y Berstein no se encuentran en cualquier parte.

“Esta vereda es muy característica de la ciudad, porque lo que hace es unificarla y otorgar identidad a ciertos barrios de Santiago. Cuando hicimos la investigación nos contactamos con un investigador catalán que estudió baldosas catalanas y cuando le mandamos los diseños de las veredas no las conocía. Puede que existan en otras ciudades, pero personalmente no las he visto”, señala Berstein.

Por su parte, Brancoli explica que en otros países las leyes indican que cada propietario debe encargarse de su vereda, por lo que no existe uniformidad.

“Encontramos registros de que estas veredas son muy antiguas, por ejemplo, hay fotografías de 1820 donde ya estaba este tipo de baldosa y encontramos en el Archivo Fotográfico de Chilectra que la baldosa diagonal y la ‘chocolate’ eran promovidas como producto nacional”, acota Brancoli.

Dónde encontrarlas

  • Catedral de Santiago: Tiene aproximadamente 19 tipos de baldosas diferentes compuestas en alfombras, con varias combinaciones que producen diversas composiciones.
  • Hospital del Salvador: Este recinto presenta una innovación en el uso de baldosas, ya que aparecen ejemplares con letras que son utilizadas en los pisos como sistema de señalización.
  • Conjunto de Recoleta Dominica: Compuesto por el Colegio Academia de Humanidades, el centro patrimonial Recoleta y la Iglesia Recoleta Dominica.
  • Cerro Santa Lucía: Hecho paseo en 1874 por Benjamín Vicuña Mackenna, el cerro es otro hito de la ciudad que tiene una amplia alfombra de baldosas.
  • Colegio San Ignacio: Entre los exponentes de la arquitectura moderna se encuentra este colegio de Providencia, que usó baldosas en sus muros.