¿Es difícil manejar un arma de fuego?: Crónica de un curso de tiro

Emma Antón

Martes 17 de julio de 2018

La inseguridad que muchas personas sienten en Chile ha provocado que busquen otras formas de protegerse. Una de las opciones ha sido el uso de pistolas, sin embargo, no son fáciles de manejar y no todos pueden poseer una.

La delincuencia es un tema recurrente en el día a día. Hablamos de ella en el trabajo, con el vecino, con conocidos y todas las noches podemos ver, al menos, un caso en los noticieros.

Este tipo de casos son los que muchas veces nos llevan a preguntarnos cómo nos podríamos sentir más seguras en la calle o en nuestras propias casas. Mientras que algunas mujeres deciden tomar clases de defensa personal, hay otras que han optado por un camino más complejo: el uso de armas de fuego.

Alejandro Rocafort es el presidente del Club de Tiro La Reina, en donde se imparte un curso de tiro básico de pistolas y revólver. De acuerdo a su experiencia, en los últimos cinco años han aumentado en un 40% las mujeres que se han inscrito para hacer un curso de tiro, quienes en su mayoría son mayores de 30 años y jefas de hogar.

“Muchas mujeres vienen porque están estudiando la posibilidad de comprarse un arma y quieren ver si es o no para ellas. O bien ya tienen una en su casa y quieren aprender a usarla”, detalla Rocafort, haciendo hincapié en que ya contar con un arma (ya sea porque un familiar la compró o fue heredada) y no saber manejarla es muy peligroso.

“No se trata tampoco de llamar al uso de ellas, sino que si se tomó la decisión de adquirir una por un tema de seguridad, es de vida o muerte el saber cargar y disparar, además de técnicas de legítima defensa para saber actuar ante la eventualidad de enfrentarse a un hecho delictual”, explica.

Lo esencial

Tomar un arma no es fácil. Dispararla, aún menos. Se requiere no sólo técnica para manejarla (lograr apretar el gatillo y que la bala dé en el objetivo), sino que también se necesita tener conciencia de que el proyectil puede ser letal.

De hecho, al momento de estar frente un arma hay cuatro máximas que siempre se deben tener en cuenta: la primera es asumir que siempre está cargada. Después, nunca apuntar a nada ni a nadie si no es adrede. En tercer lugar, mantener siempre el dedo lejos del gatillo y, finalmente, verificar el blanco y lo que está alrededor.

Además de la técnica y las reglas de oro, hay que considerar que usar un arma no es simplemente jalar el gatillo, sino que hay que saber manejarla, que toda arma tiene un costo considerable y que no todo el mundo puede tener una.

Las reglas para tener un arma están estipuladas en la Ley 17.798. Uno no puede ir a una armería y comprar una pistola, por ejemplo. Hay que hacer un trámite bastante largo para poder contar con un arma en la casa: hay que presentar un certificado psiquiátrico, no haber sido condenado por crimen o simple delito, contar con un certificado de antecedentes para fines especiales y rendir un examen de conocimientos, entre otros pasos.

Si uno logra obtener el permiso, cabe destacar que el arma no puede dejar el domicilio en el que fue inscrita; por ende, la protección que eventualmente podría otorgar un arma de fuego sólo se limita al hogar.

Si la saca de su casa estará cometiendo un delito, ya que las únicas personas que están autorizadas a portar armas son los integrantes de las Fuerzas Armadas y del Orden. Ni siquiera los deportistas pueden llevarlas (aunque ellos tienen un permiso especial para transportarlas, desarmadas y descargadas).

pistola02La experiencia

El curso de tiro básico que imparte el Club de Tiro La Reina consta de tres sesiones. Antes de tomarlo es necesario presentar un certificado de antecedentes para fines especiales, el que se solicita en el Registro Civil.

Las dos primeras sesiones duran 90 minutos y se imparte conocimiento sobre cómo funcionan las pistolas, arme y desarme, normas básicas de seguridad, técnicas de disparo, cómo tomar un arma, cómo destrabar un arma, aspectos de legítima defensa y tipo de munición, entre muchos otros temas. La parte teórica dura los primeros 60 minutos y el resto de la sesión es práctica. La tercera y última sesión dura sólo una hora, pero ahí se explican los pasos, detallados, para inscribir un arma, además de la sesión práctica de tiro.

¿Y cómo es el curso? Quien escribe jamás había empuñado un arma, mucho menos había disparado una (porque los videojuegos, después del curso, realmente no cuentan). Aclarada la experiencia previa del sujeto de pruebas, me es posible afirmar que realmente no es llegar y disparar.

Quien me guió a través del proceso fue Paola Arriola, instructora de tiro del recinto. Fue más de una hora en la que me habló sobre los aspectos fundamentales de un arma (como las cuatro reglas de oro mencionadas antes), la normativa y todo lo teórico del arma. No es fácil llenar un cargador con balas, no es fácil apretar el gatillo, no es fácil quitar una bala que queda atrapada y tampoco es fácil recordar todas y cada una de las partes de un arma.

Una vez concluida la parte teórica pasamos a la cancha de tiro, donde tocó poner en práctica lo anteriormente enseñado por Paola. Lo primero que hizo fue ponerme una maleta delante, en la que estaba una Beretta calibre 22. Al abrirla, lo primero es dar vuelta la maleta para que el cañón no apunte a ninguna persona; en este caso, quedaba apuntando hacia la cancha de tiro. Después, tomar el arma, con los dedos alejados del gatillo, y verificar que esté descargada. Recién ahí se puede empezar a cargar la pistola.

En total fueron diez los proyectiles disparados. La protección visual y auditiva es indispensable: a pesar de contar con orejeras que aislaban el sonido, la fuerza del disparo queda resonando. En tanto, los lentes también son importantes, porque al disparar los casquetes salen con mucha fuerza de la pistola y más de alguno me llegó directo a la cara.

La siguiente arma fue un revólver calibre 38 especial. A diferencia de las pistolas, los revólveres tienen menos capacidad de proyectiles. En este caso, fueron seis las balas que entraron en el tambor. Este tipo de armas son las que siempre aparecen en los westerns, siendo el tambor donde se meten las balas y que por lo general en las películas lo hacen girar.

La patada del revólver (o el retroceso, si hablamos en términos formales) fue mucho más fuerte que la de la Beretta. La fuerza era mucho mayor, por lo que costó un poco más afinar la puntería.

Finalmente, catorce balas fueron cargadas en una Glock 9 milímetros. A diferencia de las otras dos, esta arma me pareció más potente al principio, pero más fácil de acostumbrarse que las otras. Además, la mira era más amable: si bien la potencia provocó que el primer tiro fuera un poco más chueco, la mira después ayudó a que todas las balas llegaran a donde estaba apuntando.

Hasta el 30 de este mes el Club de Tiro La Reina tiene este curso a un precio promocional de $168.750, y en donde se incluyen las armas, 175 disparos, blancos, protecciones visuales y auditivas y el instructor de tiro personal. Todas las sesiones son personalizadas.