Cachorros de Chernobyl encuentran su hogar en EE.UU.

Claudia Maldonado

Lunes 02 de julio de 2018

Una fundación estadounidense buscó familias adoptivas para los perros abandonados en la zona donde fue el peor accidente nuclear de la historia.

El drama de cientos de perros callejeros que viven en la zona donde se registró el peor accidente nuclear de la historia, en Chernobyl (Ucrania), se empezó a conocer hace un par de años y conmovió a personas de todo el mundo.

Los animales se encuentran en una zona donde el acceso está restringido, debido a que aún puede existir algo de la contaminación radioactiva que se escapó de la cental nuclear hace 32 años, el 26 de abril de 1986.

Precisamente el temor de los humanos a esa contaminación ha mantenido a estos perros errantes sin un hogar que los acoja.

Pero ahora, gracias a la fundación estadounidense Clean Futures Fund (CFF), muchos de esos animales tendrán una familia que los cuide.

El cofundador de CFF Lucas Hixson, que visitó Chernobyl por primera vez en 2013 como especialista en radiación, se vio sorprendido por la gran cantidad de perros que hay en la zona y adoptó uno el año pasado. Lo bautizó Dva (dos en ucraniano), porque se trata del segundo perro de Chernobyl que fue adoptado.

“Una de las primeras cosas que llama la atención cuando uno visita la central son justamente los perros”, subrayó Hixson. “Ellos no pueden leer los carteles de advertencia contra las radiaciones, así que van donde quieren”.

Uno de los canes llegó incluso a trepar este año hasta lo más alto de la capa de acero que recubre los restos del reactor accidentado, a unos cien metros de altura, obligando a tres obreros a escalar la estructura para salvarlo.

Abandono

El reactor número 4 de la central soviética de Chernobyl, situada unos 100 km al norte de la capital ucraniana, Kiev, explotó en abril de 1986. El accidente contaminó, según algunas estimaciones, hasta tres cuartas partes de Europa, pero sobre todo Ucrania, Rusia y Bielorrusia, en aquel momento repúblicas de la Unión Soviética (URSS).

Las autoridades tuvieron que evacuar a más de 120 mil personas de casi 200 ciudades y comunidades en un radio de 30 km en torno a la central, un extenso territorio donde aún está prohibido vivir de forma permanente.

Las autoridades les dijeron a los desplazados que solo se irían por unos días, por lo que la mayoría no se llevó a sus mascotas. Pero nunca pudieron regresar y los animales quedaron abandonados a su suerte.

Según CFF, en la zona viven unos mil perros, descendientes de los animales domésticos abandonados por sus propietarios cuando huyeron de la región tras la catástrofe. Estos animales interactúan con unos 3.500 obreros que llegan cada día para ocuparse del mantenimiento de la central, cerrada desde 2000. Los perros fueron expulsados del bosque cercano por lobos y atraídos por los alimentos que les arrojan los trabajadores.

Hace un año y medio CFF empezó a darles tratamiento veterinario y otros cuidados, e inició una campaña para buscar familias estadounidenses para 200 perros mayores de un año. Recibió unas 300 respuestas en muy poco tiempo. Los candidatos para adoptar un perro debieron llenar un formulario en línea y luego pasar una serie de entrevistas y una inspección a domicilio efectuada por representantes de CFF en Estados Unidos. Esos 200 animales viajarán a sus nuevos hogares en los próximos dos años, tras pasar el proceso previo (ver recuadro).

En cuanto a los perros adultos, para quienes un cambio de residencia sería mucho más estresante, CFF prevé esterilizar y curar a 600 en un plazo de dos años.

Proceso de descontaminación

De los 200 perros que serán adoptados, 15 están ingresados en el hospital de Chernobyl para pasar exámenes médicos y comprobar su tasa de radiactividad. Si esta fuera muy alta -lo que nunca ha ocurrido para un cachorro-, se ha previsto un procedimiento de descontaminación: los voluntarios lavan al animal, lo tratan con desinfectantes especiales e incluso lo esquilan, si es necesario.

“Cuando el perro termina el tratamiento, está tan limpio como cualquier otro”, asegura Lucas Hixson, de CFF.

Tras ese tratamiento, los cachorros pasan un tiempo en un refugio de Slavutich, una pequeña ciudad situada a unos 50 km de la central, donde se los trata entre cuatro y seis semanas, antes de viajar donde sus familias adoptivas. Tras ese periodo de cuarentena se les realiza un control dosimétrico (para medir radiación), y si todo está ok reciben un certificado de buena salud. Con eso se pueden tramitar los papeles para su ingreso a EE.UU.

En el refugio los animales reciben masajes y baños. “Son probablemente los perros más mimados de Ucrania”, dice Hixson.