Sampaoli, allá y acá

Julio Salviat

Lunes 25 de junio de 2018

Con el cuerpo tatuado y evidente sobrepeso, Jorge Sampaoli vive los días más tristes de su azarosa vida deportiva. Con las manos crispadas y el rostro descompuesto, vio cómo los croatas se divertían en el área chica, les hacían el tercer gol a los argentinos que dirige y los dejaba con un pie afuera del Mundial de Rusia.

El asunto no está sentenciado para el director técnico, pero el panorama se puso feo: si Argentina no supera la primera fase, el país entero lo estará esperando para insultarlo, denostarlo y despedirlo.

¿Es posible que un entrenador tan bueno se haya transformado en un entrenador tan malo? La respuesta no está en él, sino en los jugadores.

En Universidad de Chile encontró a un grupo unido y ambicioso. En la Selección, a una generación cuyos exponentes sostenían con sorprendente desparpajo que querían ser campeones del mundo. El plantel que formó ahí estaba dispuesto a cualquier sacrificio para conseguir logros.

En Argentina, en cambio, se encontró con un montón de cracks engreídos y cómodos, que se cobijan bajo la sombre de Lionel Messi para conseguir las victorias.

Con los chilenos, Sampaoli trabajó a base de repeticiones y sociedades. Los movimientos de los jugadores y los triángulos que formaban en distintos sectores se robotizaron hasta parecer naturales. Los avances de los laterales, las apariciones de Vidal en el área contraria, las diagonales de Vargas y los finiquitos de Alexis Sánchez obedecían a los ensayos, más que a la improvisación. Y eso, por falta de voluntad de los argentinos o por escasez de tiempo para trabajar con ellos, allá no lo consiguió.

Otro aspecto fundamental tiene que ver con la actitud de los jugadores: basta ver la indiferencia de los trasandinos cuando sienten los sones de su himno y el fervor con que los chilenos cantan cuando resuena la canción nacional.