¿Problemas de ira? Diez técnicas para que la rabia no nos controle

Emma Antón

Lunes 18 de junio de 2018

Especialistas coinciden en que es posible impedir reacciones como gritar, empujar o tirar cosas.

Muchas veces, cuando vemos a un compañero en el trabajo o a algún amigo pasar por una situación molesta -que le termina generando una rabia excesiva-, a nuestra mente se viene la película Un día de furia.

Y es que el personaje que encarnó Michael Douglas en 1993 termina describiendo lo que muchas veces uno querría hacer cuando todo sale mal: dar rienda suelta a la furia que se ha estado acumulando por días, semanas, meses o hasta años. El problema es que, si lo hacemos, pagan justos por pecadores.

El último tiempo hemos visto algunos ejemplos en nuestro país, como el de la semana pasada, cuando un cliente de un local de repuestos para autos arrojó una llave de cruz al interior del recinto, impactando a otro comprador que falleció debido a la intensidad del golpe.

¿Somos una sociedad impulsiva y rabiosa? Quizá pueda sonar exagerada la pregunta, pero día a día tenemos actitudes que, en mayor o menor medida, van demostrando cierta incapacidad de manejar situaciones que nos molestan.

Para Guillermina Guzmán, pedagoga y especialista en comportamiento humano, como sociedad estamos “reaccionando muy impulsivamente y sin hacer un raciocinio desde el actuar. Lo vemos en situaciones muy cotidianas, por ejemplo, cuando la gente espera el ascensor en el metro y no alcanza a entrar: generalmente reacciona con una grosería o alguna postura corporal de agresión”.

Lo mismo ocurre, agrega, cuando se camina por la calle y alguien nos pasa a llevar y ni siquiera ofrece una disculpa. “Son gestos muy cotidianos y se está haciendo cada vez más patente”, dice la docente del CFT Santo Tomás.

Catalina Castaño, psiquiatra infanto juvenil de la Red de Salud UC Christus, dice que “ese tipo de reacciones son súper frecuentes, como tirar cosas, empujar a la gente o insultarla. Es la incapacidad de controlarse y de procesar la propia rabia”.

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Las causas

José Antonio Ivelic, psiquiatra del mismo centro de salud, indica que drogas y alcohol también pueden potenciar conductas belicosas. “Estas sustancias favorecen las agresiones, pero no son los únicos detonantes. También pueden reaccionar con ira desproporcionada quienes presentan cuadros depresivos, bipolares, ansiosos o síndrome de déficit atencional”, añade.

El especialista indica que el nivel de estrés cotidiano al que estamos expuestos puede favorecer estas conductas, provocando que el sistema de activación esté permanentemente estimulado y que los mecanismos de control se agoten, llevando a las personas a perder el control más fácilmente.

Si bien este tipo de actitudes pueden ser provocadas por un hecho puntual, pueden ser asimismo resultado de haber vivido en un ambiente violento durante la infancia. “Hay un tipo de violencia que es aprendida, y eso normalmente se da cuando el niño crece en un ambiente violento. Cuando esto pasa, es muy probable que la violencia siga en la vida adulta”, explica la doctora Castaño.

El control

El problema fundamental cuando ocurre el detonante es cómo controlar el momento (ver recuadro). La psiquiatra de la Red de Salud UC Christus señala que, cuando la rabia es hacia otra persona, “lo ideal es tratar de mantener la calma y, aunque suene cliché, respirar. Si uno se da cuenta, físicamente, cuando uno tiene rabia se pone tenso, o rojo; a través del control del cuerpo, respirando, uno puede bajar los niveles de rabia y mantener una conversación un poco menos agresiva”.

Guzmán indica que una de las formas de prevenir este tipo de conductas impulsivas -logrando controlar los momentos de ira-, también tienen un componente cultural y educacional.

“Aunque no se trata sólo de las entidades educacionales, sino también de familia. Hay estudios de cómo revertir una emoción negativa a través del trabajo de la respiración, para focalizar el impulso, canalizarlo y actuar positivamente; eso lo desconocemos bastante y no habrá un cambio si no damos cabida a la enseñanza de habilidades blandas”, explica Guzmán.

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Para controlar

1.- Respirar
Antes de reaccionar, tomar un tiempo, respirar y pensar lo que se dirá o hará, evaluando las consecuencias de dicha acción.

2.- Ejercicio
Realizar actividad física ayuda a liberar tensiones, por lo que uno se puede calmar más rápido.

3.- Relajo
Buscar métodos de relajación, como maniobras de respiración, yoga o escuchar música.

4.- Distancia
Mantener la distancia y no exponerse a la persona o situación que generó la molestia.

5.- Evitar rencor
No es realista pensar que la gente actuará como uno espera, por lo que guardar rencor no es recomendable.

6.- Humor
Para liberar tensiones se puede recurrir al humor, pero sin sarcasmo o ironías.

7.- Asertividad
Es bueno mostrar la molestia, pero guardando las proporciones y sin intención de herir a la otra persona involucrada.

8.- No dé por hecho
Si no está seguro, no piense que la otra persona involucrada tuvo la intención de agredirlo.

9.- Centrarse en uno
Al describir el problema que generó la molestia, es aconsejable utilizar la palabra “yo” para evitar centrar la culpa en otro.

10.- Evitar drogas
Es necesario moderar el consumo de alcohol y evitar utilizar drogas.