¿Es mejor usar azúcar o edulcorantes?

La Hora

Jueves 21 de junio de 2018

Ante la oleada de productos que reemplazan el azúcar con endulzantes, éstos últimos parecen ser la solución ideal, pero acarrean otros problemas para el organismo.

Un artículo en El País analiza los efectos de los endulzantes en el cuerpo, ante la arremetida de productos promocionados como “saludables” sólo por no llevar azúcar. Una realidad que se parece mucho a la de Chile, que ante la ley de etiquetado que impone sellos de advertencia a ciertas concentraciones de grasas y azúcares, la industria ha echado mano de edulcorantes para reducir los sellos.

Pero los endulzantes no son inocuos. La industria alimentaria ha perfilado el gusto de los consumidores para querer alimentos artificialmente dulces, repletos de azúcar. El dietista y nutricionista Pablo Zumaquero resume las diferencias entre el consumo de azúcar y edulcorantes. “En un reciente estudio que comparaba la misma dieta de adelgazamiento con agua o con refrescos edulcorados, las personas que bebían agua perdieron más peso y acabaron siendo menos resistentes a la insulina (paso previo a largo plazo para el desarrollo de diabetes tipo 2) que los que tomaban el refresco”, afirma.

“A pesar de que sabemos los daños fisiológicos causados por el abuso del azúcar añadido a los alimentos, algunos edulcorantes también han generado modificaciones en la microbiota intestinal, por lo que tampoco son inertes para el cuerpo”, sostiene.

Y no por no tener azúcar, los alimentos con endulzantes son menos dulces. “Al ser los edulcorantes más potentes en dulzor que el propio azúcar, la señal de placer que emiten es más potente, generando una recompensa cerebral que haga que se consuma más cantidad de producto. Al menos en la consulta observamos que la gente “enganchada” a los refrescos light o zero supera con creces al “enganchado” al refresco normal”, afirma.

“Muchas veces observamos que mantener los mismos hábitos dulces con edulcorantes que se tenían con el azúcar, hace que en el momento que la persona tiene acceso a un producto azucarado, lo vuelve a tomar, por lo tanto sigue “enganchado” al dulce”, sentencia Zumaquero.