Investigadoras lideran más del 40% de los estudios en la Antártica

Pedro Pablo Robledo

Domingo 17 de junio de 2018

Tres científicas cuentan cómo es trabajar en el continente helado. La colaboración y la solidaridad son fundamentales, dicen.

Pese a que la bióloga y doctora en Bioquímica Marely Cuba está profundamente enamorada de la Antártica, cada vez que viaja al continente blanco sufre como si se tratara de una relación tormentosa. “Me aterra el agua, andar en los botes zodiac en medio del oleaje, subir y bajar por esas escaleras de cuerda desde los buques”, confiesa la científica.

“Pero es un lugar espectacular, donde uno puede reflexionar. A pesar de ser cubana, me encanta el frío y lo paso fantástico”, complementa la docente de la U. de Concepción que se nacionalizó en nuestro país.

Marely Cuba es considerada por el Instituto Antártico Chileno (INACH) como la investigadora más productiva de 2017 en este congelado territorio. Entre sus investigaciones se encuentran la resistencia de la planta clavelito antártico al cambio climático, y otra sobre cómo este fenómeno ha incidido en la aparición de especies no nativas en la zona.

“Una de las cosas más bonitas que se viven en la Antártica es la solidaridad y la colaboración, por lo que es bastante amena la convivencia. A veces, en un lugar donde podrían haber 60 personas, hay 80 o más, pero uno busca la forma de acomodarse. Todos estamos en lo mismo y todos queremos lograr nuestros objetivos, así que hay que colaborar y cooperar para que todo salga bien”, explica.

Como ella, muchas investigadoras han llegado a la helada zona para realizar sus estudios. De hecho, casi la mitad de las investigaciones chilenas patrocinadas por el INACH durante 2017 están a cargo de una mujer. “Quiero destacar que el 43% de los proyectos son liderados por investigadoras. Este porcentaje es promisorio respecto del escenario nacional, en donde solo el 31 % de los proyectos científicos financiados por Conicyt tienen a mujeres como investigadoras principales”, valoró Marcelo Leppe, director del INACH, durante la cuenta pública del organismo.

“Para cualquier ámbito de nuestra sociedad, que se reconozca cada día que las mujeres somos muy capaces de asumir cualquier rol, al igual que un colega hombre, siempre va a ser importante”, destaca Marely.

“Lo que vale en la ciencia, y siempre insisto en eso en todas las áreas del saber, es el conocimiento, las habilidades, las capacidades que tenga la persona para hacer el trabajo. No importa si es hombre o es mujer”, enfatiza.

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Según explica la doctora Pamela Santibáñez, asesora del Programa Nacional de Ciencia Antártica y coordinadora en terreno de algunas delegaciones, desde 2003 ha ido aumentando el número de proyectos en este territorio y las publicaciones sobre esos estudios, y también se incrementaron los fondos. “Para trabajar en la Antártica se necesita harta colaboración, necesitas tener herramientas sociales para trabajar en grupo, que quizás se pueda dar más fácil a las mujeres”, sospecha Santibáñez, quien estudia microorganismos presentes en hielos milenarios.

“En los buques hay menos baños de mujeres, y eso se ha tenido que ampliar o movernos a otros lugares. De repente en el buque somos más mujeres que hombres los científicos”, sostiene.

Para la bióloga y doctora en Ecología Juliana Vianna, brasileña radicada en Chile que investiga entre otros temas alteraciones genéticas que experimentan los pingüinos con el cambio climático, la irrupción de las científicas se podría explicar por su fuerte personalidad.

“Para trabajar en la Antártica, en esas condiciones extremas, tienes que tener mucha personalidad, como se dice en chileno ser aperrados, y al final de cuentas todas nosotras decidimos trabajar ahí porque era una aventura y somos mujeres que hemos luchado mucho para llegar donde estamos”, afirma.

“Nosotras históricamente hemos sido muy cuestionadas. Para llegar al mismo lugar que un hombre debemos mostrar el doble de trabajo. Tenemos que siempre hacer más para demostrar que somos iguales”, lamenta.

“Como hay varias mujeres trabajando en la Antártica, nosotras nos apoyamos, y se produce un círculo virtuoso, lo que también ayuda”, dice Vianna, académica de la UC y segunda investigadora más productiva.